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Los límites de la genómica social

Los investigadores están descubriendo vínculos entre los genes y ciertas características complejas, como el voto político o los años de escolarización. Pero les preocupa que sus resultados se malinterpreten.

Algunos estudios han encontrado variaciones genéticas implicadas en el nivel de estudios. Sin embargo, esos hallazgos deben interpretarse con prudencia. [Getty Images / SKYNESHER / iStock]

En síntesis

Los Estudios de Asociación del Genoma Completo (GWAS) apuntan a que los genes no solo determinan nuestras características físicas: también influyen en la conducta y el éxito académico.

Los investigadores han encontrado, por ejemplo, ciertas variantes genéticas que se correlacionan con el nivel educativo de las personas o su voto en las elecciones políticas.

Sin embargo, los expertos advierten del peligro de extraer conclusiones erróneas de estos estudios: nuestro genoma interacciona siempre con el ambiente, y no define nuestro futuro.

La mina de carbón subterránea de Kellingley, en el norte de Inglaterra, echó el cierre en 2015. Fue la última de las más de mil minas de este tipo que había impulsado la industria británica. Con ella desapareció el trabajo. Y las personas. El declive económico y social llevó a que muchos de los pobladores del lugar se mudaran.

El genetista Abdel Abdellaoui nunca ha estado en Kellingley, ni en ninguna de las otras antiguas cuencas mineras del Reino Unido. No obstante, ha descubierto un fenómeno sorprendente de estos pueblos y sus habitantes: el ADN en estos distritos está cargado de desventajas, igual que las vetas de carbón ensartadas en su día en el suelo.

Cuando examinó el genoma de las personas que viven en antiguas cuencas mineras de carbón, Abdellaoui encontró improntas genéticas asociadas a un período de escolarización más corto y variantes genéticas que se correlacionaban con un nivel socioeconómico más bajo, si bien estos resultados se mostraban más débiles. Algunas variantes genéticas se relacionaban incluso con la capacidad de persuasión política y con el hecho de que las comunidades hubieran votado, o no, a favor de abandonar la Unión Europea en el referéndum del Brexit de 2016. Abdellaoui, que trabaja en la Universidad de Ámsterdam, reconoce que se estaba aventurando en un terreno con una gran carga política. «Intento entender la variación genética humana y publico lo que encuentro», afirma.

Su estudio, que se publicó en 2019 en Nature Human Behaviour, constituye un claro paradigma de una tendencia emergente, a saber, el uso de grandes cantidades de datos y una gran potencia de computación para desvelar la influencia genética en los rasgos sociales complejos. Las investigaciones durante el último decenio han examinado, entre otros temas, las variantes genéticas relacionadas con la agresión, el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo, el bienestar, la conducta antisocial, la propensión a la bebida o a fumar. Con estas investigaciones, los genetistas se adentran en un territorio de arenas movedizas. Se les ha llegado a acusar de «abrir nuevas puertas a la eugenesia», según reza el título de un artículo firmado por el historiador de la ciencia Nathaniel Comfort y que apareció en 2018 en la revista MIT Technology Review.

Pero a los genetistas y sociólogos que llevan a cabo esta labor, sus resultados les ofrecen una guía útil e importante para determinar las aportaciones de la naturaleza y la crianza a rasgos específicos del comportamiento, de la misma manera que el análisis genético actual revela si una persona tiene más riesgo padecer un cáncer o una cardiopatía. Este método podría, por ejemplo, aumentar los conocimientos sobre la forma en que el ambiente afecta rasgos complejos de la persona y ofrecer así vías de intervención para mejorar ciertos ámbitos, como la educación pública. «Es muy emocionante», sostiene Philipp Koellinger, genoeconomista de la Universidad Vrije de Ámsterdam. «Proporciona a los científicos mejores y más precisas vías para responder a cuestiones que interesan desde hace mucho tiempo.»

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