El libre albedrío a cuatro manos

Escépticos, deterministas y compatibilistas.

JUST DESERTS
Debating free will
Daniel C. Dennett y Gregg D. Caruso
Polity Press, 2021
200 págs.

Daniel C. Dennett y Gregg D. Caruso son dos filósofos con una rica bibliografía personal sobre el libre albedrío. Ahora han querido reflexionar juntos en voz alta y contraponer fundadamente sus opiniones al respecto, dispares y antagónicas en numerosos aspectos. Dennett, codirector del centro de ciencia cognitiva y catedrático de filosofía en la Universidad Tufts ha abordado en múltiples ocasiones el libre albedrío con un acento particular en su vertiente evolutiva. La libertad, y con ella la responsabilidad moral, es un proceso evolutivo que solo los humanos, en el mundo animal, han adquirido. Recordemos Elbow room, de 1984, Freedom evolves, de 2003, o The evolution of minds, de 2017. Defiende el compatibilismo, tesis que concilia determinismo y libertad de decisión. No le anda a la zaga, en punto a páginas publicadas, Caruso, docente de la Universidad de Nueva York.

Con un corte más filosófico, desde Free will and consciousness, de 2012, hasta su más reciente Rejecting retributivism: free will, punishment, and criminal justice (2021), pasando por Free will skepticism in law and society, de 2019. Considerado jefe de filas del escepticismo en torno al libre albedrío, declara, en efecto, que lo que somos y lo que hacemos es resultado de factores que trascienden nuestro control. Las razones particulares que nos mueven, junto con las predisposiciones psicológicas, las inclinaciones y los rechazos, con los demás factores constitutivos de nuestra naturaleza, son, en última instancia, resultado de elementos ajenos a nuestro control. No somos, pues, nunca moralmente responsables de nuestros actos, entendida la responsabilidad en el sentido de que merezcan por su propia naturaleza alabanza o reproche, recompensa o castigo, que es lo que da título al libro de cabecera.

Just deserts consta de tres conversaciones, destinada la primera a la presentación de los conceptos en disputa y exposición de las tesis respectivas, argumentados en la segunda conversación, para destinar la tercera al castigo, moral y redistribución. Se trata de un intercambio de tesis y argumentaciones intensas y apasionadas, de las que pueden aprender los que se acercan por vez primera a esas cuestiones y los que llevan años enredados académicamente en ellas. Sirve de introducción a los distintos enfoques actuales.

Ante el problema del libre albedrío y la responsabilidad moral, la historia de la filosofía registra tres posturas: la de los compatibilistas, que propone que tenemos el libre albedrío requerido para la responsabilidad moral, dando por cierto el determinismo; la de los partidarios de la libertad de la voluntad, para quienes no cabe determinismo alguno si se posee el libre albedrío exigido en toda responsabilidad moral; por fin, la de los deterministas estrictos. Estos últimos, incompatibilistas rigurosos, aceptan el determinismo y niegan la existencia del libre albedrío necesario para hablar de responsabilidad moral; se les conoce también por escépticos en torno al libre albedrío. Vemos, pues, que los incompatibilistas se dividen entre quienes sostienen que el determinismo es falso y poseemos libre albedrío (defensores del libre albedrío) y quienes sostienen que el determinismo es verdadero y carecemos de libre albedrío (escépticos en torno al libre albedrío). En años recientes, varios filósofos han defendido diversas versiones del escepticismo en torno al libre albedrío: además de Caruso, recordemos a Derk Pereboom, Galen Strawson, Neil Levy y Bruce Waller.

Para Caruso, carecemos de libre albedrío, sea determinista nuestro mundo o sea indeterminista (en la forma en que se explica en física cuántica). Al abrazar el determinismo es verdad, apela a factores ajenos a nuestro control, fenómenos de un pasado lejano y leyes de la naturaleza, para explicar las causas reales de nuestros actos. En el flanco contrario, Dennett, defensor de la existencia del libre albedrío, aboga por la compatibilidad entre este y determinismo. Dennett y Caruso se hallan, pues, instalados en puntos antagónicos de una división tradicional: Dennett es compatibilista y Caruso, incompatibilista.

 

Dennett y Caruso se hallan instalados en puntos antagónicos de una división tradicional en torno al libre albedrío: Dennett es compatibilista y Caruso, incompatibilista.

 

La divergencia entre Dennett y Caruso comienza en la misma definición de libre albedrío. Para Dennett, debe entenderse por tal la capacidad de respuesta racional a los estímulos en nuestro ámbito natural y social, que ha desarrollado nuestra especie en su historia evolutiva, una capacidad que va madurando en los individuos a medida que se hacen adultos. Caruso llama libre albedrío al control de la acción requerido para que pueda atribuirsele una sanción en su forma básica (positiva o negativa). Una sanción en su forma básica significa que, cuando alguien ha actuado de manera indebida, merece un reproche o quizás un castigo porque ha obrado moralmente mal, y quien ha obrado bien se ha hecho acreedor de nuestro reconocimiento, recompensa incluso, pues ha actuado de forma moralmente buena. Esa sanción es básica porque resulta fundamental en su justificación. Una justificación que no le viene de consideraciones ulteriores, como podrían ser las consecuencias buenas derivadas del acto. Con otras palabras, por libre albedrío Caruso entiende el control de la acción requerido para recibir una sanción laudatoria o reproche, un premio o un castigo. Confiesa Caruso apoyarse en un experimento ideal de Immanuel Kant, donde se mostraba que no había buenas consecuencias que se consigan con penas impuestas al malhechor. A esa idea va vinculado, en este dominio filosófico, el concepto de redistribución. Designa que los malhechores son moralmente responsables de sus actos y merecen ser castigados en proporción al daño cometido. Caruso está en contra.

Los críticos objetan que la adopción de la tesis escéptica, que niega la realidad del libre albedrío, entraña unas consecuencias nefastas para el sujeto, la sociedad, la moral, el sentido de las cosas y la ley. Temen, por ejemplo, que al abandonar el libre albedrío y el juicio moral sobre la responsabilidad, se justifique el comportamiento criminal, aumente la conducta antisocial y se arruine el significado de la vida. No lo ven así los escépticos, para quienes, descartados la pena de muerte y otros castigos, se fortalecerían los programas de rehabilitación. Los individuos, señalan los escépticos, al estar privados de un libre albedrío genuino, no merecen castigo alguno asociado al daño ocasionado pues carecen de responsabilidad. Por su parte, en el desarrollo de su tesis Dennett distingue entre causalidad y control. Uno puede controlar su conducta, aun cuando forme parte en última instancia de una red universal de causalidad. Mi pasado, a la postre, determina lo que soy y lo que hago, pero no controla lo que hago. Para que ello fuera cierto, mi pasado necesitaría una suerte de bucles de realimentación reguladores, algo que carece de sentido. Basta esa idea de poseer, o no poseer, el control para sustentar la existencia de responsabilidad de nuestros actos y libertad en decidirlos.

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