Paralizada por su inconsciente

Tras el divorcio de sus padres, Rosa sufre una parálisis en ambas ­piernas. Los médicos no logran identificar una causa orgánica. ¿Qué puede haber dejado a esta adolescente en una silla de ruedas?

Getty Images / davit85 / iStock

En síntesis

En sexto de primaria, Rosa se hirió con un compás los dedos del pie, lesión que llegó a infectarse. Probablemente, buscaba llamar la atención de sus padres, que se hallaban en proceso de divorcio.

Poco después de causarse la herida, la adolescente perdió la sensibilidad al tacto, al calor y al frío en las piernas. Finalmente, dejó de caminar.

En silla de ruedas desde hacía dos años, ingresa en el servicio de psiquiatría infantil. Los síntomas que presenta son el resultado de una conversión somática de la ira, el miedo y la ansiedad que siente a causa de la separación de sus padres. Mediante psicoterapia, logra superar el trastorno.

Cuando conocí a Rosa, hace unos años, yo trabajaba en el servicio de psiquiatría infantil de un hospital parisino. La joven paciente se encontraba tumbada en la cama de una habitación individual y me daba la espalda. Me percaté de que se hallaba absorta en la lectura de un pequeño libro cuyo título descubriría más tarde: Une vie ailleurs («Una vida en otra parte»), de Gabrielle Zevin. Rosa giró la cabeza muy despacio y me miró con desenfado desde sus dulces ojos verdes. Luego, reanudó su lectura mientras respondía con cordialidad a mis preguntas.

Desapego. Desinterés. Estos son los términos que acuden a mi mente. En ese primer contacto, no hubo frío ni calor. Noté indiferencia. ¿Por qué estás aquí? «Porque el médico de sala del piso superior pidió a mis padres que me viera un psiquiatra. Pero yo ya he visto muchos.»

Ni su parálisis la conmueve

Según el historial clínico de la paciente, Rosa sufre paraplejia. Está paralizada de ambos miembros inferiores. Pero su rostro permanece suave e impasible. No hay ni rastro de emoción en sus ojos, su mirada es distante y responde de forma lacónica y desapegada a mis ruegos y preguntas.

Ataraxia. Término griego que significa «ausencia de turbaciones». Su estado reflejaba «calma mental» o indiferencia emocional; eso explicaría por qué jamás se alteraba. ¿Cómo puede alguien mantenerse indiferente cuando empieza a padecer síntomas incapacitantes a la edad de 14 años y que persisten durante años? En ese momento, Rosa era un enigma para mí, por lo que decidí investigar y retroceder a los episodios que desencadenaron esta situación.

Una herida entre los dedos del pie

Hace dos años, Rosa pasó de llevar una vida normal de adolescente a ingresar en hospitales e institutos de rehabilitación de manera reiterada. Un día, su padre la llevó al médico. ¿El motivo? Una infección cutánea grave entre los dedos del pie derecho. Pero lo más importante era que ese daño obedecía a una herida. Una herida que se había infligido la propia Rosa con un compás. Peor aún.Durante semanas siguió rascándose la piel. Este tipo de lesión recibe el nombre de excoriación.

Le recetaron un antibiótico como tratamiento. Pero el daño era demasiado profundo. Había que operar. Al cabo de unas semanas, la infección y la herida desaparecieron. Sin embargo, el dolor en el pie derecho persistió varios días. Rosa tuvo que dejar las clases de deporte escolares.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.