Los efectos secundarios de las psicoterapias

Durante mucho tiempo se ha pensado que una psicoterapia podía resultar inútil en el peor de los casos, pero no acarrear daños. Las investigaciones actuales revelan un panorama diferente.

KATARZYNABIALASIEWICZ/ ISTOCK

En síntesis

Los procedimientos psicoterapéuticos reconocidos muestran en general una eficaciia elevada. Sin embargo, los efectos indeseados son más frecuentes de lo que se pensaba.

Gran parte de los efectos secundarios (como la reducción de bienestar o el aumento de la ansiedad) son transitorios y no evitables completamente. A largo plazo, suelen prevalecer las ventajas.

Es importante explicar los posibles efectos secundarios a los pacientes para que, tanto ellos como los terapeutas, puedan detectarlos, clasificarlos y superarlos mejor.

Cuando una persona se dispone a tomar un medicamento, puede leer los efectos secundarios en el prospecto adjunto. Asimismo, antes de una operación se informa al paciente sobre los posibles riesgos. Pero al inicio de una psicoterapia, el terapeuta raras veces aporta tal aclaración, aunque también debería hacerlo. ¿Se debe ello a que no existen posibles consecuencias adversas o a que la investigación no se ha centrado en ese aspecto?

Durante años se ha supuesto que la psicoterapia solo podía beneficiar al paciente y, a lo sumo, que resultaba inútil en algunos casos. Hoy en día, numerosos estudios demuestran el éxito del tratamiento psicoterapéutico en diversos trastornos psíquicos. En muchos pacientes, la psicoterapia alivia los síntomas, aumenta su bienestar y calidad de vida e, incluso, conduce a la sanación total. Con todo, también se ha comprobado que recordar experiencias dolorosas y hablar sobre problemas puede despertar emociones negativas. Cuando se procesan de manera repetida vivencias desagradables, a veces se fomenta que se rememoren con mayor vivacidad y surjan reacciones más intensas. Solo por ese motivo, parece lógico que, en ocasiones, una psicoterapia puede comportar efectos negativos.

Ya en los años de la década de 1960, el psicólogo Allen E. Bergin, coautor del conocido Manual de psicoterapia y cambio de comportamiento, demostró en una revisión que, si bien algunas personas se beneficiaban de los tratamientos psicológicos, otras no mostraban ningún cambio o que, tras la terapia, se encontraban peor. Las comparaciones con personas que no recibieron ningún tipo de psicoterapia revelaron que el empeoramiento estaba relacionado, no pocas veces, con el tipo de intervención. A pesar de estos hallazgos tempranos, durante decenios se ha ignorado, tanto en la investigación, como en la práctica y la formación, que la psicoterapia puede producir efectos indeseados.

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