Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2014Nº 67

Neurología

Cerebro transparente y educable

Las nuevas técnicas de neuroimagen permiten observar la actividad cerebral en tiempo real. Gracias a ello, los pacientes aprenden a corregir por sí solos los circuitos defectuosos de su encéfalo.

Menear

Melanie Thernstrom se encuentra tumbada, inmóvil, en el tubo del tomógrafo de resonancia magnética (IRM) mientras trata de ignorar el zumbido ruidoso de la máquina y centra su atención en la llama parpadeante del monitor situado ante sus ojos. El fuego salta de un lado a otro; su tamaño cambia sin cesar, como el dolor abrasador que siente en la nuca y en los hombros y que tan pronto se inflama con gran viveza como pasa casi desapercibido.

En realidad, el tamaño de la llama representa la actividad de una región concreta del cerebro de Thernstrom, a saber, la corteza cingulada anterior (CCA). Esta región prosencefálica interviene, entre otras funciones, en la percepción del dolor. A medida que se intensifica la sensación de ardor en la espalda de la paciente, aumenta también la actividad de la CCA y, por ende, el fuego de la pantalla. La tarea de la paciente es tratar de mitigar la llama con la fuerza de su pensamiento. Los científicos, que contemplan a la mujer a través de la ventana de la sala de control, confían en que, con la ebullición neuronal de esta región, se alivie también el dolor.

Thernstrom padece dolores crónicos de espalda. Se ha apuntado a nuestro grupo de la Universidad Stanford para probar una nueva técnica, la neurorretroalimentación por imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) en tiempo real. Consiste en lo siguiente: el sujeto debe anular por sí mismo los procesos cognitivos dañinos o adversos en su cerebro siguiendo el patrón de la propia actividad cerebral. Es decir, en lugar de entrenar nuevas conductas, estas personas procuran modificar durante la sesión la actividad neuronal con la fuerza de su pensamiento.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados