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1 de Julio de 2014
Biología

El poder de las hormonas

Las características psicológicas del hombre y la mujer se forjan en el seno materno: el cerebro en desarrollo crece bajo la influencia de una serie de cócteles hormonales. ¿Qué repercusión tienen sobre las capacidades intelectuales futuras?

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En síntesis

En la actualidad se conocen una serie de preferencias cognitivas según el sexo. Los varones puntúan mejor en las pruebas de inteligencia espacial; las mujeres, en cambio, son más hábiles en las actividades relacionadas con el lenguaje o las emociones.

Ese tipo de diferencias se deben a disparidades en el procesamiento neuronal, condicionado, entre otros, por las hormonas sexuales testosterona y estrógenos.

También los estereotipos de género influyen en los resultados que hombres y mujeres obtienen en las pruebas cognitivas.

A Jan, de cinco años, le gusta pelearse, construir camiones de bomberos con piezas de Lego y disfrazarse de pirata por carnaval. Su hermana Lisa, un año mayor que él, es afectuosa, da de comer a su muñeca, le cambia los pañales y, si fuera por ella, no se quitaría nunca el vestido de princesa. Por mucho que los padres de ambos pretendan darles una educación sin distinción de sexo, a la hora de elegir entre el tren o el cochecito de paseo, el vehículo teledirigido o la Barbie, la camiseta azul o la de color rosa, Lisa y Jan no dudan en su elección.

¿Es posible que detrás de expresiones como «típico de niños» o «es cosa de niñas» se esconda alguna razón más allá de un simple prejuicio o la influencia educativa? Incluso en nuestros parientes más cercanos, los monos, se observan comportamientos condicionados por el sexo, según comprobaron en 2002 Gerianne Alexander, de la Universidad de Texas A&M en College Station, y Melissa Hines, de la Universidad de Cambridge. Las investigadoras entregaron una serie de juguetes infantiles a 90 primates de la especie africana Cercopithecus. ¿Resultado? Los machos se entretuvieron con el coche de policía y la pelota; sus compañeras prefirieron las muñecas. Los entretenimientos neutros (un peluche y un libro ilustrado, entre otros), en cambio, despertaron el mismo interés en ambos sexos.

Años más tarde, en 2010, Hines y su equipo analizaron las características que debe presentar un juguete para atraer la atención, esta vez, de los humanos. Mostraron varios objetos a niños y niñas con edades comprendidas entre 12 y 24 meses y registraron el tiempo que mantenían la mirada puesta en cada uno de los elementos. Este dato revelaba la preferencia de los participantes. Obtuvieron la siguiente información: los niños observaban con mayor detención los automóviles, conducta que mostraban las niñas con las muñecas. El color y la forma de los objetos no influían en la duración de la mirada en ninguno de los dos sexos.

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