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Sentimientos de irritación y agresividad

Es muy fácil decir: "¡No te enfades, hombre!". Más difícil resulta, sin embargo, mantener en todo momento la firmeza y obedecer esta exhortación. No importa: la irritación y la rabia también resultan provechosas; sólo hay que saber manejarlas.

¿Tienen algo en común el caos circulatorio, un político, un televisor que se avería y la pisada de excrementos de perro? Efectivamente: a todos nos causan irritación. Desde una perspectiva psicológica, lo mismo sucede cuando no logramos un objetivo, no satisfacemos nuestras necesidades o alguien atenta contra nuestra autoestima.
La irritación es una emoción hostil, dirigida contra una causa concreta. Mientras que el primer impulso dura sólo unos segundos, el estado de irritación se prolonga más tiempo, con lo que la emoción se reaviva una y otra vez. Aunque este estado nos resulte desagradable, la irritación en sí -en especial, su vivencia- también tiene una vertiente divertida.

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