Efectos biopsicosociales de las dietas deficientes

Fatiga, déficit atencional e irritabilidad son algunas de las ­consecuencias que provoca una nutrición inadecuada. Aunque se ­pretenda ­perder peso, no hay que dejar de comer: la malnutrición afecta al cerebro y a la psique. También en el caso de sobrepeso y obesidad.

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En síntesis

Numerosas dietas para adelgazar se basan en la disminución o eliminación de los carbohidratos. Mas estos nutrientes, por su aporte constante de glucosa, son esenciales para el buen funcionamiento cerebral y emocional.

Una alimentación pobre en glucosa puede alterar la capacidad atencional y las funciones ejecutivas del cerebro, así como aumentar la irritabilidad, alterar el estado de ánimo y reducir la sensación de placer.

Muchas de las personas con sobrepeso u obesidad que consultan para adelgazar presentan malestar emocional: depresión, ansiedad o bulimia, entre otros trastornos. Una dieta inadecuada puede incrementar estos problemas.

Alicia, una mujer de 42 años con sobrepeso, acudió a mi consulta porque llevaba media vida intentado perder peso, pero no lo conseguía. Había probado de todo. Al inicio, parecía que la dieta le funcionaba. Pero llegó un momento en el que no lograba avanzar en su objetivo. Como psicóloga clínica en Hospitales públicos, ayudo a personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y con sobrepeso u obesidad a tener una relación sana con la comida. Junto con mi equipo he visto y tratado a muchos pacientes como Alicia: aunque empeñados en adelgazar, no lo consiguen. Existen razones por las que fracasan en el intento, sin ellos conocerlas.

Se considera que realizar una dieta sana, equilibrada y variada es la única forma de superar un TCA o de normalizar el peso de forma duradera. Ciertamente, es una condición necesaria, aunque no suficiente. En el sobrepeso y la obesidad se combinan factores de naturaleza genética, biológica, ambiental, sociocultural y psicológica. Hoy en día, cada vez son más los estudios que señalan los factores psicológicos como los causantes de la resistencia a cambiar de hábitos de alimentación y de actividad física de las personas con sobrepeso u obesidad, entre ellos el trabajo publicado por Erik Hemmingsson, del Hospital Universitario Karolinska, en 2014. Por esa razón, todas las guías clínicas consideran imprescindible la intervención psicológica para lograr cambios significativos y duraderos. Por otra parte, los mecanismos que regulan la ingesta alimentaria son complejos. Aquí repasaremos una pequeña parte del puzle que explica por qué las dietas tienen un efecto mantenedor de las problemáticas alimentarias.

El sobrepeso como asignatura pendiente

«En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales más de 650 millones eran obesos». Con estas cifras tan alarmantes presenta la Organización Mundial de la Salud (OMS) su sección dedicada al sobrepeso y a la obesidad. Según informa, cada año mueren por este motivo al menos 2,8 millones de personas, siendo el quinto factor principal de riesgo de fallecimiento.

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La diferencia entre ambos radica en el valor del Índice de Masa Corporal (IMC), indicador simple que se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2). Se presenta sobrepeso cuando el IMC es superior a 25 e inferior a 30; y se considera que se tiene obesidad cuando es igual o superior a 30.

La obesidad repercute de forma preocupante en la salud. Diversas investigaciones, entre ellas el estudio de 2014 de Neil S. Skolnik y Donna H. Ryan, de la Facultad de Medicina de la Universidad Temple, la asocian con enfermedades crónicas graves, como afecciones cardiovasculares, diabetes e hipertensión. Otros trabajos, entre ellos el estudio de la investigadora Caroline M. Apovian, han demostrado la relación de la obesidad con osteoartritis, síndrome de apnea del sueño, infertilidad y algunos tipos de cáncer. Asimismo, afecta a la salud mental, ya que contribuye a los trastornos del estado de ánimo y a la ansiedad, informaron en un estudio de 2016 científicos dirigidos por Javier Quintero, del Hospital Universitario Infanta Leonor. De esta forma, el sobrepeso y la obesidad se han convertido en las últimas décadas en un problema de salud pública de primera magnitud.

Por otro lado y de manera paradójica, muchas de las personas que recurren de forma repetida a las dietas para adelgazar acaban padeciendo efectos colaterales: fatiga, problemas para concentrarse, alteración de las funciones ejecutivas, irritabilidad, emociones negativas más intensas, pérdida de placer en las actividades cotidianas, entre otros. Además, la comida se convierte en el centro de su vida, de tal manera que no resuelven de forma eficaz el problema de sobrepeso ni mejoran su salud. Todo lo contrario: lo que empezó como una preocupación termina convirtiéndose en mucho más.

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