Los pilares del altruismo

¿Por qué algunas personas están más dispuestas a ayudar que otras? ¿Permanecemos unidos ante una crisis? Los investigadores han descubierto cuatro factores principales que promueven la conducta social.

Getty Images / popleimages / iStock

En síntesis

La conducta prosocial se sostiene sobre cuatro pilares principales: empatía, afabilidad, identificación con el grupo y peligros colectivos.

Pero hasta qué punto el altruismo incluye un interés propio o se practica de manera puramente desinteresada sigue siendo un tema controvertido.

En la crisis de la COVID-19 resultan útiles los mismos pilares, ya que la llamada a la empatía y al sentido de unión aumentan la disposición a cumplir las medidas contra la pandemia.

Masaaki Takahashi no entendía el revuelo que había despertado junto con sus compañeros. Poco después de la catástrofe nuclear de Fukushima, en marzo de 2011, cuando tenía 65 años, formó parte de un grupo de personas mayores que participaban como voluntarias en los trabajos de desescombro de la central nuclear, al nordeste de Japón. Todos ellos se exponían a niveles de radiactividad elevados con el fin de evitar peligros mayores a los habitantes de la región afectada. Los medios de comunicación los describieron como héroes. «Simplemente, tenía que hacer algo. No podía observar de brazos cruzados cómo solo gente joven trabajaba en ello», declaró Takahashi. Por el bien de la comunidad, aceptó un riesgo considerable para su integridad física y su vida.

Exactamente en ese aspecto, los biólogos británicos John Maynard Smith (1920-2004) y William D. Hamilton (1936-2000) vieron la utilidad evolutiva de la disposición a ayudar. Según su teoría de la selección de parentesco, que desarrollaron en la década de 1960, la ayuda desinteresada dentro de la familia o de las unidades emparentadas aumenta la «salud global» de las especies. Es decir, la probabilidad de que se transmita la propia configuración genética a las siguientes generaciones.

El sociobiólogo Robert Trivers, de la Universidad de Chicago, desarrolló sobre esta base su modelo del altruismo recíproco. Según dicha teoría, ayudamos a los demás porque suponemos que también recibiremos apoyo en situaciones parecidas. Conforme al lema «hoy por ti, mañana por mí», el compromiso con los demás sirve, en última instancia, a intereses egoístas.

Pero existe un problema: no todas las personas con las que se comparte la comida o a las que se defiende de unos agresores se muestran agradecidas en la siguiente ocasión. Solo cuando en un grupo está establecido el principio quid pro quo y se castiga su incumplimiento, se puede confiar en ello sin mayores reparos. Para Trivers, esta es la razón por la que la ayuda mutua tie­ne tanta importancia en la mayoría de las comunidades sociales.

Sin embargo, las personas se diferencian en cuándo y cómo se comportan de manera prosocial. Actualmente, políticos y epidemiólogos apelan casi a diario a nuestra solidaridad. En vista de la extendida pandemia de la COVID-19, debemos tomar numerosas medidas preventivas: mantener la distancia de seguridad, usar mascarilla, lavarnos las manos con frecuencia, y prescindir de ir a restaurantes, conciertos y otras reuniones multitudinarias. Las restricciones que ello conlleva son compartidas por la mayor parte de la población, pero a algunos ciudadanos les parecen exageradas o incluso inaceptables.

Llegados a este punto, surgen las siguientes preguntas: ¿qué hace que las personas se sientan responsables unas de otras y renuncien a sí mismas por el bien de los demás? ¿Cuándo aceptamos las desventajas y los costes personales y cuándo nos parecen desproporcionados? Entre los muchos factores que influyen en estas consideraciones destacan sobre todo cuatro: la empatía, la afabilidad, la identificación y los peligros compartidos.

1. Empatía

Imagine que se encuentra sentado en una sala de experimentación. La pantalla del ordenador muestra a una estudiante que (supuestamente) recibe leves descargas eléctricas en la habitación contigua mientras efectúa una prueba psicológica. El rostro de la joven se estremece de dolor con cada descarga. ¿Qué siente usted en ese momento? ¿Inquietud, lástima, preocupación?

A continuación, el investigador le da a elegir entre levantarse y abandonar la sala, sabiendo que la estudiante continuará participando en el experimento, u ofrecerse para sustituir a la joven y proseguir con la prueba. ¿Qué haría usted? ¿Soportaría el dolor para que otra persona se librara de él?

El psicólogo social Daniel Batson, quien trabajó durante años en la Universidad de Kansas, ideó en 1981 este escenario en torno a la estudiante Elaine con el objetivo de comprobar la disposición a ayudar de las personas. Quería demostrar que los humanos son capaces de cooperar de manera desinteresada. Esta suposición se conoce como la hipótesis de la empatía-altruismo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.