Transhumanismo, o la actualización de los humanos

¿Debemos mejorar nuestras capacidades con ayuda de la ciencia? ¿Es posible que la optimización biotecnológica de los humanos lleve tiempo en marcha?

Mejorar tecnológicamente las capacidades físicas y mentales de las personas parece estar al alcance de la mano. [METAMORWORKS / GETTY IMAGES / ISTOCK]

En síntesis

Los nuevos procedimientos de ingeniería genética, el diagnóstico prenatal y la neuroprotésica hacen que parezca posible seleccionar y modificar las características humanas con un objetivo determinado.

Los expertos en ética y los filósofos discuten dónde hay que trazar los límites de lo factible. Los transhumanistas suelen abogar por una ampliación del margen de decisión.

Muchos «sueños de inmortalidad» siguen siendo ciencia ficción. Sin embargo, las intervenciones tecnogenéticas o los implantes cerebrales podrían agrandar la desigualdad social.

Un país desconocido en un futuro incierto. Los soldados persiguen a los terroríficos mutantes para eliminarlos por orden del gobierno. La tecnología ha progresado hasta el punto de que a los combatientes de élite les han sido implantados neurochips que agudizan su percepción sensorial y les proporcionan datos decisivos para la batalla. Cuando el chip de un soldado se daña y falla, de pronto, sus enemigos parecen personas normales. El neurochip solo le hacía creer en los «monstruos» para eliminar sus escrúpulos a la hora de matar.

Estamos familiarizados con escenarios semejantes gracias a las series televisivas de ciencia ficción como Black Mirror. Sin embargo, algunos científicos creen que las tecnologías para mejorar y manipular el cuerpo y los sentidos humanos son parte de un futuro no demasiado lejano. La corriente filosófica de pensamiento del transhumanismo sugiere que en breve podremos lograr características que ayuden a superar la naturaleza humana en su forma actual. Muchos de sus defensores consideran que esto es positivo. Y su postura muestra más excitación que temor a posibles abusos u otras aberraciones.

La idea de un perfeccionamiento del ser humano tiene una larga historia. Hubo ya precursores tanto en el Renacimiento como en la Ilustración del siglo xviii, que apostaban por el poder de la razón y de la ciencia. Otro término que aparece con frecuencia en este contexto es el «superhombre» (Übermensch), de Friedrich Nietzsche (1844-1900). En el prefacio de Así habló Zaratustra, Nietzsche declara que el hombre es «algo que debe ser superado». La corriente transhumanista contemporánea, sin embargo, solo coincide hasta cierto punto con estos precursores históricos.

El término transhumanismo fue acuñado a mediados del siglo xx por el biólogo evolutivo inglés Julian Huxley (1887-1975), hermano de Aldous Huxley, que había escrito en 1931 la distopía crítica con la tecnología Un mundo feliz. «La especie humana puede, si quiere, trascenderse a sí misma; no solo un individuo aquí, otro allá, sino en su totalidad, como humanidad», escribió Julian en 1957. «El ser humano [...] se trasciende a sí mismo al hacer realidad nuevas posibilidades para su naturaleza». Lo que Huxley tenía en mente era, sobre todo, una vida más larga, más sana y mejor a través de la modificación de nuestra dotación genética.

De ese modo, quedaron formuladas las directrices del planteamiento, que ganó popularidad en las siguientes décadas debido al rapidísimo progreso tecnológico, sobre todo en el mundo anglosajón. Por medio de la ingeniería genética o la inteligencia artificial sería posible poner remedio a las insuficiencias del ser humano. «Dicho en términos generales, se trata de posibilitar una vida notoriamente más larga y saludable, mejorar nuestra memoria y otras capacidades intelectuales, ampliar las experiencias emocionales y, en general, lograr un mayor control sobre nuestra vida», explica Nick Bostrom, filósofo docente en la Universidad de Oxford.

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