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Cómo superar las barreras comunicativas entre médicos y pacientes

Se están desarrollando varias iniciativas para mejorar la claridad y la veracidad de la comunicación sanitaria.

Con frecuencia, las explicaciones y los informes de los médicos suponen un muro de entendimiento para los pacientes. Una medicina más humanizada podría derrumbar esta barrera. [GETTY IMAGES / RADACHYNSKYI / ISTOCK]

Cada vez más, la comunicación asistencial se considera una parte integral de la práctica clínica. Mientras que en los años setenta del siglo pasado las habilidades comunicativas en el sector sanitario brillaban por su ausencia, en los dos últimos decenios ha crecido de manera notable el interés por el potencial terapéutico tanto de la información que el médico transmite al paciente como de la manera en que lo hace. También se está poniendo mayor hincapié en la necesidad de desarrollar estrategias que ayuden a garantizar una información sanitaria clara y veraz a la ciudadanía, ya sea a través de Internet o de otros canales más humanos, como es el llamado «paciente experto». Todo ello con el fin último de mejorar la calidad de vida de los enfermos y de sus cuidadores.

Con este objetivo, la Universidad Pompeu Fabra organiza periódicamente las Jornadas HealthCom sobre «Comunicación, lenguaje y salud», en las que se reúnen profesionales sanitarios con académicos de áreas humanísticas. La última edición de este encuentro se centró en las estrategias lingüísticas para mejorar la comunicación con el paciente. El diálogo entre los asistentes cosechó varias propuestas. Algunas de las iniciativas ya se han puesto en marcha.

Informes médicos ambiguos

Históricamente, los médicos informaban al paciente de forma directiva y dándole instrucciones. Así, sus competencias profesionales se limitaban al conocimiento clínico, al examen físico y a la resolución de problemas; el enfermo, simplemente, explicaba su malestar y acataba las decisiones médicas. Este modelo «paternalista» persiste hoy en día, aunque en menor medida, a consecuencia de las barreras comunicacionales inherentes a la práctica clínica, a saber: la brevedad de las citas médicas, el contacto físico limitado, un espacio poco acogedor o el uso de jerga especializada por parte del facultativo.

En este sentido, una de las cuestiones más ampliamente discutidas durante la jornada fue la comprensibilidad de los informes médicos. Los pacientes y los familiares no siempre entienden los textos de los profesionales sanitarios, lo que puede generar consecuencias psicosociales y sanitarias negativas. Bertha Gutiérrez, catedrática de historia de la ciencia de la Universidad de Salamanca, destacó la necesidad de simplificar este tipo de documentos y adaptarlos a un registro más accesible para los usuarios. Sin embargo, sustituir la terminología médica y simplificar el lenguaje especializado conlleva el riesgo de perder rigor y trivializar la información médica.

El grupo IULATERM (acrónimo de Léxico, Terminología, Discurso Especializado e Ingeniería Lingüística) de la Universidad Pompeu Fabra ha investigado la idoneidad de estos documentos. En el marco del proyecto RecerCaixa JUNTOS, los científicos analizaron dos muestras de informes médicos a partir de indicadores lingüísticos generales y especializados. Su objetivo radicaba en evaluar la claridad de los textos. Hallaron que los informes presentaban una gran opacidad semántica. En concreto, detectaron un abuso de anglicismos, un exceso de polisemias (abreviaciones que se referían a más de un concepto) y de sinonimia (conceptos que tenían varias abreviaciones). Estas características lingüísticas dificultan la comprensión y hacen que el lector pueda confundir los términos, según los autores.

Además, desde un punto de vista sintáctico, constataron errores ortotipográficos, una puntuación inadecuada y la ausencia de conectores, lo que puede obstaculizar el seguimiento del texto. También destacaba un trato demasiado impersonal y un exceso de formas verbales pasivas reflejas que, en opinión de los investigadores, despersonifican al paciente. Frases como «se administraron dosis de» o «se refiere malestar» resultan muy habituales. Ello puede transmitir la idea de que interesa más la enfermedad y su tratamiento que el propio paciente.

Ante estos hallazgos, los autores subrayan la necesidad de formar y sensibilizar al profesional sanitario para solucionar esta problemática. Con este fin se ha editado un libro, cuya publicación está prevista para este año. Dirigido a los profesionales y estudiantes del sector de la salud, el volumen recopila recomendaciones y estrategias para favorecer la comprensión de los pacientes. Además, se ha creado una aplicación de móvil (COMjuntos) para ayudar a las familias a gestionar las principales situaciones comunicativas con los profesionales de la salud.

El paciente experto

Otra de las acciones llevadas a cabo para proporcionar una información más accesible y comprensible a los enfermos y a sus familiares y, de esta manera, favorecer su calidad de vida, consiste en la ampliación de los programas «paciente experto». Este término describe a una persona que es o ha sido paciente durante un período de tiempo en el que ha adquirido un amplio conocimiento sobre su enfermedad, suficiente como para servir de modelo o de referente para otros enfermos y ayudarles en el manejo de su dolencia. La iniciativa surgió hace más de treinta años de manos de Kate Lorig, Jacqueline Laurin y Halsted Holman, de la Universidad Stanford. A partir de entonces, se extendió a escala internacional. En España, por ejemplo, se ha implantado esta figura en comunidades autónomas como Andalucía y Cataluña.

Así, desde hace seis años, la Escuela Andaluza de Salud Pública cuenta con una Escuela de Pacientes. Según su directora, Ángeles Prieto, más de 300 unidades clínicas se hallan implicadas en el proyecto, especialmente, para formar a pacientes con fibromialgia, diabetes, cardiopatías, EPOC, cáncer colorrectal y cáncer de mama, entre otras dolencias. En Cataluña, entre 2006 y 2016 algo más de 6720 personas con enfermedades crónicas han participado en un programa de este tipo, de las cuales 401 ejercían de pacientes expertos, informa el Instituto Catalán de la Salud (ICS).

Diversos estudios confirman que los pacientes que participan en estos programas experimentan menos reingresos y visitan con menor frecuencia los servicios de urgencia. También tienen un mayor conocimiento sobre la enfermedad que sufren y aprenden a cuidar mejor de sí mismos, lo que se traduce en un aumento de la calidad de vida, tanto del enfermo como de su cuidador. Estos efectos beneficiosos también los ha registrado el ICS en los primeros diez años de evolución del programa.

Contra las informaciones falsas

En la otra cara de la moneda se encuentran los llamados «bulos» en el sector sanitario, los cuales suponen un riesgo para la salud de la población. En la actualidad, los canales de comunicación inmediata, como las redes sociales o la mensajería instantánea (entre ellas WhatsApp) son medios habituales de propagación de estas informaciones falsas. Ante este fenómeno, desde la página web #Saludsinbulos se enseña a pacientes, escolares y profesionales sanitarios cómo deben buscar información fiable en Internet. Expertos en distintos ámbitos sanitarios se encargan de identificar y desmentir informaciones falsas que se han publicado en la Red. La Sociedad Española de Neurología (SEN) se unió al proyecto en junio del año pasado, convirtiéndose en la fuente de referencia de #Saludsinbulos para recopilar y desmentir los bulos relacionados con la neurología.

Dentro de esta iniciativa desarrollada por la agencia de comunicación COM Salud y la Asociación de Investigadores en Salud, entre octubre y noviembre de 2018 se elaboró el primer Estudio sobre Bulos en Salud. Basado en una encuesta en línea realizada entre profesionales de la salud de toda España, los datos resultan reveladores: dos de cada tres noticias falsas que circulan por Internet están relacionadas con temas de salud y calidad de vida. También refleja que un 92 por ciento de los sanitarios consideran que los medios de comunicación no son suficientemente rigurosos a la hora de contrastar la información de salud que comunican.

En resumen, la existencia de un número creciente de propuestas para promover el respeto mutuo, el conocimiento, la confianza o los valores compartidos entre el médico y el paciente, así como el aumento de iniciativas para aportar una información comprensible y veraz a los afectados y a la población en general, hace pensar que la sociedad actual contempla un cambio de paradigma en las relaciones sanitarias. Además, refleja que nos encontramos en un punto de inflexión hacia una medicina más humanizada y humanizadora.

 

PARA SABER MÁS

La relación médico-paciente: Bases para una comunicación a medida. María del Carmen Vidal y Benito. Argentina: Lugar Editorial, 2010.

The effect of clinician-patient alliance and communication on treatment adherence in mental health care: A systematic review. L. Thompson y R. McCabe en BMC Psychiatry, vol. 12, n.o 1, 2012.

Diagnóstico del nivel de comprensión de informes médicos dirigidos a pacientes y familias afectados por una enfermedad rara. XXXVI Congreso Internacional de AESLA. Lingüística aplicada y transferencia del conocimiento: Empleabilidad, internacionalización y retos sociales. R. Estopà y O. Domènech Bagaria, en e-AESLA n.o 5, 2019.

Comunicación, lenguaje y salud. Estrategias lingüísticas para mejorar la comunicación con el paciente. VV.AA. Documenta Universitaria, 2019.

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