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1 de Enero de 2020
Neurociencia

Inhibición neuronal: cuando menos es más

Durante tiempo, los investigadores creyeron que numerosas enfermedades neurológicas y psiquiátricas se debían a una escasa actividad cerebral. Pero, a menudo, ocurre justo lo contrario.

EFKS / GETTY IMAGES / ISTOCK

En síntesis

A menudo se piensa que cuando un cerebro no funciona correctamente es porque existe un déficit en la actividad neuronal. La moda de la estimulación neuronal se fundamenta también en esta creencia.

Sin embargo, muchos trastornos de las funciones cognitivas se deben a una inhibición neuronal insuficiente y, por tanto, a una actividad desenfrenada de las neuronas.

Un fármaco antiepiléptico podría ayudar a normalizar la actividad de las neuronas en las áreas cerebrales afectadas y, de esa manera, contrarrestar el deterioro cognitivo.

Seguro que le habrá ocurrido alguna vez: alguien se le acerca y le saluda de manera cordial, pero usted no recuerda de quién se trata. Otra situación usual: intenta concentrarse en un artículo de periódico, pero sus pensamientos se dispersan cada dos por tres. Esas lagunas de memoria temporales y esos despistes ocasionales los solemos justificar con argumentos como «mi cerebro todavía está durmiendo» o «mis neuronas aún no se han puesto en marcha». Cuando nuestro cerebro deja de funcionar como nos gustaría, solemos pensar que trabaja al ralentí.

¿Sucede así realmente? Muchos investigadores supusieron durante largo tiempo que las alteraciones cognitivas, como los trastornos de la atención y de la memoria, obedecían a una actividad reducida de ciertas regiones cerebrales. Así pues, bastaría con estimular esas áreas para restablecer su función.

Sin embargo, estudios recientes con pacientes que sufrían enfermedades neurológicas y psiquiátricas revelan que a menudo sucede todo lo contrario: son los mecanismos de inhibición neuronal los que no operan de la manera correcta. Las neuronas se activan de forma descontrolada, sobre todo en centros cerebrales como la corteza prefrontal y el hipocampo.

El hecho de que mucho no significa mejor lo ilustra el caso extremo de la crisis epiléptica. En esa situación acontece una descarga instantánea de muchísimas neuronas. Las consecuencias a veces resultan dramáticas: los músculos se contraen y algunas personas pierden incluso el conocimiento. Existe una serie de medicamentos antiepilépticos que previenen estas convulsiones. Cada tipo de fármaco actúa de distinta manera: unos potencian la interacción inhibidora entre las neuronas para que no se propaguen sus impulsos eléctricos; otros debilitan la excitación neuronal bloqueando determinados canales de la membrana celular o impidiendo su apertura.

Los neurocientíficos se han dado cuenta de que la salud cerebral depende de una modulación refinada de la transmisión de las señales excitadoras e inhibidoras. Las neuronas se comunican entre sí a través de sustancias señalizadoras: los neurotransmisores. Estos se unen a los receptores de otra neurona y, a continuación, los iones transitan por los canales de la membrana de esa célula nerviosa, modificando su carga eléctrica. De ese modo se genera el denominado potencial de acción que, a su vez, pone en marcha una onda excitadora que se transmite a nuevas neuronas a través de los neurotransmisores. La señal inhibitoria, mediada de ordinario por el mensajero ácido gamma-aminobutírico (GABA), altera el estado de carga de la membrana, con lo que dificulta que se desencadene un potencial de acción.

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