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La indefensión aprendida

Las teorías del psicólogo Martin Seligman han demostrado que las experiencias a las que estamos expuestos pueden cambiar radicalmente nuestra conducta, alterando incluso las respuestas instintivas.

Martin Seligman, pionero de la psicología positiva, empezó su carrera de investigación con un experimento controvertido de condicionamiento con perros. En uno de los ensayos (imagen), los animales recibían descargas eléctricas sin que lo pudiesen evitar. De esa forma desarrollaban una indefensión aprendida: no buscaban una forma de escapar de esa situación aunque dispusieran de una escapatoria visible, como saltar una pequeña barrera para situarse al otro lado de la jaula. [GEHIRN UND GEIST / MARTIN BURKHARDT]

En síntesis

Los animales, pero también las personas, pierden la confianza en su capacidad de actuar ante el estrés incontrolable. No buscan una salida, aunque sea fácil dar con ella.

La experiencia de la impotencia puede influir en la propia conducta de tal manera que incluso el instinto natural de huida falla, según demostró Martin Seligman con sus experimentos de condicionamiento con perros.

El mecanismo de la indefensión aprendida explica por qué las personas con depresión soportan a menudo las situaciones negativas, mientras que las personas sin ese trastorno psíquico buscan superar el problema.

En algunas ocasiones, cuando un psicólogo asume el papel de figura estelar, sus descubrimientos se bagatelizan y se olvida la elegancia de estos. Es lo que le ha sucedido a Martin E. P. Seligman, psicólogo nacido en Nueva York en 1942 y convertido en famoso por publicar numerosos superventas de autoayuda, libros que no suelen gustar mucho a los científicos. Por otra parte, si la corriente teórica a la que se pertenece se llama «psicología positiva», con todo el corolario de expectativas y simplificaciones que un término como semejante lleva consigo, la desconfianza aumenta. Especialmente si, como ha establecido un estudio, el psicólogo en cuestión ocupa el trigésimo lugar entre los más citados en el mundo de la prensa, inmediatamente por detrás de monstruos sagrados como Freud y Jung.

A pesar de todo, el trabajo de Seligman, en particular las investigaciones que lo llevaron a formular su teoría de la indefensión aprendida, ha descubierto una nueva clave para la lectura de enfermedades mentales como la depresión, lo que ha contribuido a generar nuevos filones de investigación en el campo de las neurociencias.

Incapacidad de reaccionar

El término que acuñó Seligman a principios de los años setenta del siglo pasado, la indefensión aprendida, se refiere a un estado mental durante el cual una persona se siente literalmente desbordada por un estímulo doloroso o desagradable que la incapacita para evitarlo. Se trata de una forma extrema de resignación al dolor, no solo físico, sino también psicológico. Es aprendida porque la naturaleza se ha dotado de mecanismos para evitar el sufrimiento, pero también para limitar el daño. Por ello, para abandonarse a la impotencia, se debe tener la experiencia de que ya no hay nada que hacer. «Cuando nos dimos cuenta de este fenómeno, la primera explicación causal que encontramos fue que está provocado por la consciencia de que es imposible controlar lo que nos está haciendo daño», explicaba Seligman en el estudio que describe sus primeros experimentos. Cuando en la depresión u otras enfermedades mentales se carece del control sobre la causa, el afectado llega a aceptar pasivamente las sensaciones desagradables que se originan.

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