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La razón de ser del sesgo de negatividad

Las expresiones negativas tienen más fuerza que las positivas, ya que raras veces se usan en un contexto social. 

GETTY IMAGES / PORCOREX / ISTOCK

Un simple «bien» no basta si se desea transmitir entusiasmo. Hay que expresarlo con más énfasis. Una valoración negativa, en cambio, no necesita de mucho más soporte. Se trata del denominado sesgo de negatividad. En fecha reciente, Christine Liebrecht, de la Universidad de Tilburgo, y su equipo han investigado el modo en que se puede compensar esta «injusticia lingüística».

Para el estudio, solicitaron a sus probandos que ­leyeran un texto sobre la conversación entre una persona A y otra B que intercambiaban impresiones relacionadas con su experiencia personal en un restaurante. Los participantes consideraron que la afirmación «La comida estaba buena» era menos intensa que el ­comentario «La comida estaba mala». El mismo re­sultado se observó con los pares de adjetivos «listo» y «tonto», «emocionante» y «aburrido», «bonito» y «feo». Por lo general, las palabras negativas causaban una mayor impresión que las positivas.

Pero cuando las investigadoras intensificaron los adjetivos positivos (con términos como «maravilloso»), el sesgo de negatividad disminuía ligeramente. Los participantes incluso percibían un «muy bueno» como más intenso que un «malo». No obstante, si confrontaban la expresión «muy bueno» con la de «muy malo», esta última tenía más peso que la frase positiva.

Las autoras apenas se sorprenden por el hallazgo: generalmente, en las relaciones interpersonales nos expresamos en positivo. Por así decirlo, un «bien» es el punto de partida. Por esa razón, los enunciados negativos parecen tener más fuerza, ya que raras veces se pronuncian en un contexto social. A ello se añade que los comentarios negativos tendrían una función de aviso que las personas no queremos pasar por alto bajo ningún concepto.

Fuente: Journal of Language and Social Psychology, vol. 38, n.º 2, págs. 170-193, 2019

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