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Actualidad científica

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  • Septiembre/Octubre 2014Nº 68

Psicoterapia

El trance como tratamiento

Aún hoy, numerosas personas consideran la hipnosis como una suerte de magia mental o farsa. Sin embargo, esta técnica constituye una herramienta útil para la psicoterapia. Veamos, de primera mano, cómo funciona.

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Una niña de unos diez años está sentada al piano. A su vera, la profesora aguarda atenta cada uno de los movimientos de los dedos juveniles. Contemplo la escena desde fuera: veo y escucho cómo la alumna se esfuerza por interpretar sin equivocarse la sonata Claro de luna de Beethoven. Esa niña soy yo.

No duermo, pero tampoco estoy despierta del todo. Con los ojos cerrados, yazgo sobre un sillón negro de piel, desde donde me sumerjo en el mundo que habita en mi cabeza. Cada vez que suena la voz del terapeuta me conciencio del lugar en el que me encuentro: una consulta de hipnoterapia. Esa noción de la realidad dura poco tiempo, pues pronto retorno al universo de los sueños.

La voz me propone que libere a la niña de la severa profesora. Conduzco a la maestra fuera de la escena: a través de la habitación, a lo largo de un pasillo, hasta una escalera de caracol; allí me despido de ella. A continuación tomo asiento, tal y como soy hoy, en el lugar que ocupaba la joven alumna. Percibo las frías teclas bajo las yemas de mis dedos, el taburete bajo las nalgas. La pieza de Beethoven vuelve a sonar, pero esta vez mis manos se deslizan sin apenas esmero por el teclado. El terapeuta, con dicción clara, me alienta a regresar poco a poco al aquí y ahora.

Tardo un momento en volver del todo. Al abrir los ojos, me recibe la luz mate de la consulta. Enfrente de mí se encuentra sentado Stefan Junker, el psicoterapeuta. No requiere de péndulo ni mantra para sacarme del trance. «La hipnosis seria no tiene nada que ver con la magia», subraya Junker. Pero ¿cómo se llega a ese extraño estado mental y físico semejante al sueño sin llegar a serlo? ¿Qué se consigue con él? Con Junker lo experimenté en directo.

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