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1 de Septiembre de 2014
Neurofilosofía

¿Píldoras para la moral?

Mediante la alteración de los niveles de ciertos neurotransmisores, los investigadores pueden manipular nuestras decisiones sobre cuestiones éticas. Esta posibilidad ha abierto el debate sobre los pros y los contras de un dopaje moral al alcance de todos.

DREAMSTIME / SERGEY LAVRENTEV

En síntesis

Con la ayuda de neurotransmisores, entre ellos la oxitocina y la serotonina, los neurocientíficos pueden reforzar la compasión de los probandos.

Estos métodos podrían contribuir a que nuestras acciones se correspondiesen con las propias ideas morales, lo que reduciría los prejuicios inconscientes.

Sin embargo, los filósofos advierten de los efectos secundarios de una píldora para la moral: esta podría suprimir las inhibiciones éticas.

Imagínese el lector que se encuentra de pie sobre un puente. Por debajo, un tren sin conductor circula lanzado en dirección a cinco trabajadores ferroviarios despistados. Un hombre muy obeso, suficientemente pesado como para detener la locomotora desbocada, observa junto a usted la escena. ¿Empujaría a esta persona a las vías para salvar a los operarios? Dicho de otro modo: ¿sacrificaría a alguien para que cinco individuos sobreviviesen?

Este dilema clásico carece de una solución ética perfecta. Aun así, ha permitido que investigadores de todo el mundo indaguen de qué modo los humanos tomamos las decisiones morales [véase «El cerebro ético ante el dilema», por Natalia López Moratalla y Enrique Sueiro Villafranca; Mente y cerebro n.o 50, 2011].

La psicobióloga Molly Crockett, de la Universidad de Cambridge, constató a través de esta prueba mental que alrededor de cuatro de cada diez probandos empujarían al congénere obeso desde el puente; el resto de los participantes se mostraron contrarios.

En una segunda fase del experimento, el resultado varió por completo: los participantes rechazaban dañar al hombre obeso; incluso la proporción de los probandos que en un inicio hubieran empujado al sujeto inocente se redujo de manera notable. ¿Qué había sucedido? Con la ayuda del neurotransmisor serotonina, Crockett había manipulado la actitud moral básica de los sujetos.

Según diversos estudios, la serotonina promueve la cooperación social, sea en animales o en humanos. Con la ayuda de un antidepresivo, la investigadora aumentó durante tres semanas el nivel del neurotransmisor en el cerebro de los participantes. Esa manipulación química bastó para salvar la vida al hombre obeso y que los empelados del ferrocarril quedasen abandonados a su suerte. «Los sujetos consideraron moralmente menos aceptable dañar a alguien para ayudar a otros», resumió Crockett. Y concluyó: «La serotonina influye en los juicios y comportamientos morales».

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