Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2014Nº 68

Medicina

Secuelas somáticas de los abusos infantiles

Sobrepeso, diabetes, incluso trastornos autoinmunitarios en la adultez pueden estar relacionados con experiencias negativas durante la infancia. Los maltratos y el abandono aumentan el peligro de que el sistema del estrés se altere, lo que puede causar graves consecuencias para el cuerpo y la psique.

Menear

Los autorreproches la torturan; no tiene interés por nada y no se cree capaz de enfrentarse más a la vida. Para Berta Rot*, de 38 años, todo carece de sentido, se siente abandonada y como si se encontrara en un callejón sin salida. Desorien­tada, acude a la consulta de la Clínica Universitaria de Greiswald. Allí le diagnosticamos episodios depresivos de moderados a graves que padece cada uno o dos años desde su tardía juventud. Las pesadillas la despiertan del sueño. Le angustian temores que ella misma califica de «malos recuerdos». Aunque su depresión mejora en las semanas siguientes del tratamiento, la tensión y la intranquilidad interior perduran.

En el curso de la terapia con Rot salen a conversación cada vez más molestias corporales, entre estas, el sobrepeso. Si bien la paciente explica que durante los períodos depresivos se adelgaza hasta 20 kilos, ya que pierde el apetito, nunca se mantiene en ese peso. Desde hace cuatro años también padece hipertensión arterial, por lo que debe medicarse. Además, su médico de cabecera le ha advertido del riesgo que corre de desarrollar una diabetes. Según explica esta mujer, aunque el alcohol nunca la sedujo, no puede dejar los cigarrillos.

¿Existe alguna relación entre los trastornos físicos y psíquicos de la paciente? ¿Podrían compartir causas comunes? Recientes estudios apoyan esta posibilidad: las alteraciones neurobiológicas por traumas en la temprana infancia elevan la posibilidad de sufrir trastornos mentales, pero también orgánicos.

Desde hace tiempo se sabe que numerosas enfermedades psíquicas (la depresión crónica, el estrés postraumático, los trastornos de la personalidad o las adicciones) pueden guardar relación con vivencias traumatizantes tempranas. No obstante, en la práctica clínica diaria nos encontramos a menudo con pacientes que junto a sus síntomas psíquicos padecen alteraciones orgánicas (sobrepeso o problemas cardiovasculares, entre otros).

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados