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Adiós al cerebro «modelo»

El encéfalo de una persona a otra difiere más de lo que se pensaba. Esta variabilidad individual abre nuevas posibilidades en el campo de la rehabilitación neurológica.

Getty Images / Springsky / iStock

En síntesis

Por lo general, los neurocientíficos promedian los resultados de las mediciones cerebrales de todos los participantes de las investigaciones porque consideran que solo los datos comunes resultan relevantes.

Sin embargo, con este procedimiento puede perderse una información valiosa. Las diferencias en los patrones de actividad cerebral podrían mostrar que dos personas siguen estrategias cognitivas distintas para una misma tarea.

En el futuro, los neurocien­tíficos esperan utilizar estos hallazgos para elaborar programas individualizados de reha­bilitación a medida para pacientes que hayan sufrido, por ejemplo, un ictus.

A principios de la década de 1980, el caso de un estudiante que sacaba excelentes notas en matemáticas causó sensación: su cociente de inteligencia (CI) era ¡126! Por lo demás, el chico no llamaba la atención. No obstante, una resonancia magnética (RM) reveló que su corteza cerebral presentaba una capa de células nerviosas delgadísima, de apenas un milímetro de grosor. En el 95 por ciento restante de su cavidad craneal se observó una acumulación de líquido. Padecía hidrocefalia.

Este ejemplo, por sorprendente y extremo que parezca, demuestra que el cerebro humano puede tener un aspecto inusual sin que ello se llegue a detectar en la persona misma, a no ser que se explore su encéfalo con técnicas de neuroimagen. Si los humanos fuéramos ratones, los neurocientíficos lo tendrían más fácil. En comparación, la estructura cerebral y la disposición de las células nerviosas de estos animales se ajustan a un patrón. En cambio, en la especie Homo sapiens,esto no resulta tan predecible, ni siquiera en sus representantes totalmente sanos. «Las personas poseen cerebros muy diferentes», afirma Katrin Amunts, del Centro de Investigación de Jülich. Y añade: «A diferencia de antes, ahora contemplamos estas variaciones individuales como tema de investigación».

Para ello se emplea, sobre todo, el estudio mediante neuroimagen. Con un escáner se observan las redes neuronales que se activan en el cerebro de una persona mientras resuelve una tarea. Hasta ahora, los investigadores han utilizado mapas cerebrales convencionales para vincular la actividad observada con regiones cerebrales. A primera vista, la asignación parece sencilla. «No lo es, si se tienen en cuenta las diferencias entre cerebros», apunta Amunts. Muchos de los mapas sobre la estructura cerebral humana (el mapa de Brodmann, entre ellos) se basan en un único encéfalo cortado en miles de finísimas láminas para examinarlas con minuciosidad bajo el microscopio. Un trabajo ciertamente hercúleo. Mas la ubicación y la extensión de las áreas cerebrales, así como el patrón de los pliegues, varía de una persona a otra. Así, es posible que el cerebro del participante que efectúa la actividad bajo el escáner difiera por completo del que se ha utilizado para el mapa de referencia.

Los científicos del Centro de Investigación de Jülich advirtieron esta limitación hace años. Desde entonces, han compilado «mapas probabilísticos» basados en diez cerebros de donantes. Ello permite establecer una localización más diferenciada. «Por ejemplo, podemos afirmar que la zona que se activa en un sujeto que efectúa una tarea del habla tiene una probabilidad del 70 por ciento de que se encuentre en el área de Broca, y una probabilidad menor de que se halle en una región vecina», describe Amunts.

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