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Los preescolares mejor preparados

Los niños que juegan con el lenguaje y focalizan su atención ­obtienen un mejor rendimiento en la escuela y en etapas posteriores de la vida.

Para que puedan aprender a focalizar la ­atención, los niños deben contar con entornos
y oportunidades que ofrezcan la tranquilidad necesaria para concentrarse. [Getty Images / poplasen / iStock]

En síntesis

Muchos centros preescolares enseñan a los niños a memorizar letras y números, pero la educación temprana debe basarse en otras prioridades.

Las habilidades lingüísticas que se transmiten a través de la conversación y el juego guiado constituyen una base sólida para el rendimiento académico posterior.

La capacidad de concentración y de control de los impulsos, que se puede desarrollar mediante juegos, surte un impacto positivo y duradero en el niño.

Dawn Bradley, educadora de primera infancia, ha pasado el tiempo suficiente con niños de tres, cuatro y cinco años para saber que a menudo no se les concede el crédito que merecen. A los niños «solo se les da órdenes o se les pide que respondan con un sí o con un no», comenta. Pero después de cinco años de enseñar en la Escuela Libertas de Memphis, Bradley ha observado cómo los pequeños persisten en resolver problemas matemáticos hasta descubrir la solución correcta, aprenden a mostrar cortesía cuando chocan de manera accidental con un amigo y hacen preguntas agudas sobre las partes de un insecto o las características de un río cercano, como en su caso, el Misisipi.

En muchas aulas preescolares de Estados Unidos, a los niños solo se les pide que identifiquen formas y letras y que se sienten tranquilos sobre una alfombra durante la hora del cuento. Sin embargo, son cada vez más los estudios que están modificando las premisas de la educación infantil. Los hallazgos respaldan lo que Bradley observa en su trabajo: cuando los niños aprenden ciertas habilidades (focalizar la atención, por ejemplo) mediante juegos y conversaciones que utilizan los educadores y que les incitan a pensar en lo que están haciendo, alcanzan un mayor rendimiento social y académico años después. Un estudio longitudinal publicado en 2017 y que siguió durante un decenio el desarrollo de unos niños desde su etapa preescolar reveló que los que habían contado con docentes entrenados para fomentar dichas habilidades obtuvieron mejores calificaciones que los que no recibieron ese tipo de educación.

Por lo general, los políticos prometen por sistema más dinero para la educación infantil, pero en Estados Unidos ha entrado en escena un nuevo actor con un interés particular en este enfoque educativo. Hará cerca de dos años, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, se comprometió a donar al menos mil millones de dólares para construir una red de centros preescolares destinados a los niños de familias con rentas bajas e inspirados en el programa Montessori que cursó cuando era niño en Albuquerque, en Nuevo México. Muchos programas Montessori enfatizan este tipo de actividad lúdica y de toma de decisiones. La iniciativa de Bezos todavía sigue tomando forma y no se ha anunciado cómo se invertirá el dinero. Sin embargo, los expertos afirman que con el fin de hacer lo correcto para los niños, cualquier programa deberá centrarse al menos en dos habilidades fundamentales: la función ejecutiva y el lenguaje oral.

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