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  • Julio/Agosto 2015Nº 73
Encefaloscopio

Psicología

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Afrontar la espera en las enfermedades graves

Tratar la ansiedad inherente a la evolución del trastorno podría ayudar a los pacientes a tomar la decisión correcta.

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Imagine que le diagnostican un cáncer y que, a continuación, le dicen que lo mejor es no hacer nada. Esta metodología, denominada «de espera atenta», está siendo una realidad para un número creciente de enfermos, debido a los nuevos y potentes medios de exploración. Pero a muchas personas les resulta difícil enfrentarse a esta incertidumbre.

«A medida que la tecnología mejora, registramos más casos en los que la enfermedad todavía no resulta sintomática o peligrosa», explica Shelley Hwang, del Centro Médico de la Universidad Duke, que atiende a mujeres con riesgo de cáncer de mama que han optado por la vigilancia. Los pacientes de cáncer de próstata constituyen otro gran colectivo para el que la espera atenta es, con frecuencia, la opción clínica más sensata: la enfermedad puede progresar lentamente y la intervención quirúrgica puede provocar incontinencia, impotencia y otros efectos secundarios. Los fumadores y exfumadores presentan a menudo nódulos pulmonares preocupantes, pero solo cinco de cada cien llegan a desarrollar un cáncer.

A pesar de las ventajas, muchas personas se angustian al recibir este diagnóstico. En 2011, un informe de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos señalaba que solo el 10 por ciento de los más de 100.000 hombres considerados idóneos para la vigilancia optan por esa estrategia cada año, y que una cuarta parte de quienes deciden esperar acaban recurriendo al tratamiento en el plazo de tres años. «Desde la perspectiva de la salud psicológica, para tratar la angustia existen procedimientos menos invasivos que la intervención quirúrgica», indica David Victorson, psicólogo de la salud en la Universidad Noroccidental. Sin embargo, los pacientes suelen pensar que su única opción es la quirúrgica.

Según un estudio reciente, la clave reside en la confianza de la propia capacidad para afrontar la situación. Pidieron a 71 sujetos en espera atenta que valorasen su capacidad para gestionar el estrés a través de una serie de afirmaciones, tales como: «Cuando me pongo negativo, repaso mis pensamientos para adquirir una nueva perspectiva», o bien «Tengo confianza en que sabré elegir las mejores respuestas en situaciones difíciles». Los hombres que se consideraron capaces de afrontarlas sufrieron menos angustia asociada a la enfermedad que los que se sintieron peor preparados, según publicó en 2014 el Journal of Behavioral Medicine. La destreza para relajarse no parecía aliviar de igual modo los pensamientos negativos. Los médicos podrían indagar la confianza que tienen sus pacientes para afrontar su caso antes de enviarlos a esperar pacientemente en casa. Las personas que presentan una capacidad de espera baja podrían necesitar ayuda extra.

Otra intervención prometedora para los pacientes angustiados consiste en la meditación de consciencia plena. En ella, el afectado aprende a dominar la preocupación centrándose en el presente. Victorson dirigió un estudio con pacientes de cáncer de próstata. Los 23 varones que participaron durante ocho semanas en sesiones de meditación experimentaron un mayor crecimiento postraumático —la crisis provocada por su diagnóstico se convirtió en catalizador para un cambio psicológico positivo— en comparación con los 18 sujetos que solo habían leído un libro sobre meditación. El beneficio psicológico perduró un año. Cabe advertir que estos estudios son preliminares; aún no está claro cuál es la terapia más eficaz para la ansiedad médica. No obstante, puede afirmarse un dato: no es necesario afrontar la elección entre una espera angustiosa y una terapia peligrosa. Tratar la ansiedad pudiera constituir un punto medio más seguro y feliz.

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