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Asma psicosomático

Las convicciones y expectativas pueden provocar síntomas en los pacientes asmáticos.

ALAMY / MIKE MCWILLIAM

Los ataques de asma pueden ser temibles y dolorosos. No obstante, las personas asmáticas podrían salvarse de algunos si lograsen cambiar sus expectativas. Cada vez existen más indicios de que la convicción de que un olor o una actividad va a provocar un ataque es suficiente para inducir en el asmático síntomas corporales auténticos.

En un estudio reciente, 17 probandos con asma moderado, pero persistente, olisquearon un preparado aromático no irritante. El recipiente de algunos probandos llevaba el rótulo «asmógeno»; en los del resto se leía «terapéutico». Los investigadores supervisaron la tasa de óxido nítrico exhalado (un marcador de inflamación de las vías aéreas). Las concentraciones de óxido nítrico no mostraron ninguna alteración en los pacientes que creyeron que el aroma era terapéutico, pero quienes pensaron que se trataba de un asmógeno manifestaron un incremento inmediato del marcador, el cual continuó creciendo pasado un tiempo. Justo después de olerlo, las concentraciones se habían elevado un 36 por ciento; dos horas después, habían alcanzado un 56 por ciento. Al día siguiente incluso llegaban al 65 por ciento. «Esperamos convencer tanto a los asmáticos como a los médicos de que bastan sus convicciones para suscitar reacciones adversas», señala Pamela Dalton, psicóloga cognitiva en el Centro Monell de percepciones químicas y coautora del estudio.

Estos resultados apoyan hallazgos anteriores. Un estudio publicado en 2012 en el Journal of Asthma indicaba que, con solo mirar fotografías de alérgenos conocidos, los probandos asmáticos manifestaban un 15 por ciento más de síntomas que si miraban imágenes neutras. En otros estudios se ha señalado que, en respuesta a estímulos emotivos, las personas con asma sufrían mayor constricción de sus vías respiratorias que los individuos sanos de control. «La percepción de los síntomas por los pacientes podría basarse en asociaciones aprendidas más que en el estado real de su función pulmonar», explica Andreas von Leupoldt, de la Universidad de Lovaina y coautor del estudio de 2012. Estas asociaciones pueden resultar de la experiencia (como sufrir una reacción alérgica después de jugar con un gato) o basarse en advertencias del médico (por ejemplo, que el contacto con gatos puede provocar una reacción alérgica).

En su conjunto, esos hallazgos llevan a pensar que ciertas actividades, olores o imágenes pueden suscitar una respuesta de estrés que induce síntomas fisiológicos en las personas con asma. Los investigadores esperan que los médicos y las asociaciones de salud pública maticen sus mensajes a los pacientes asmáticos para que no reaccionen de forma excesiva en situaciones tal vez inocuas. Von Leupoldt sugiere que los tratamientos deberían modificarse: si el sujeto informa que sus síntomas se han agudizado, pero las pruebas de funcionamiento pulmonar no revelan ningún cambio, el médico podría considerar la posibilidad de otros factores, como la ansiedad o el estrés. «Esta información podría conceder a los asmáticos un mayor control sobre cómo les afecta el ambiente», añade Dalton.

Este artículo incluye

De la mente a la materia

    • Victoria Stern

Muchas dolencias físicas pueden deberse a expectativas negativas, fenómeno conocido como efecto nocebo.

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