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  • Julio/Agosto 2015Nº 73
Encefaloscopio

Psicología social

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Revanchas más justas

La venganza resulta más dulce cuando su destinatario es parte del grupo del ofensor.

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En las versiones cinematográficas de la venganza, el protagonista agraviado derrota con justicia al ofensor. En la vida real, en cambio, rara vez la venganza es tan nítida. Por lo general, la víctima no conoce al individuo responsable del mal o no puede llegar hasta él. Se da, en cambio, un fenómeno que los psicólogos denominan «traslación de venganza»: los vengadores se dirigen contra un individuo próximo al transgresor inicial. Un reciente estudio revela que la venganza desplazada resulta más «dulce» si el chivo expiatorio pertenece al mismo grupo que el ofensor.

Los autores se basaron en la entitatividad, magnitud que mide cuán estrechamente están asociados los individuos entre sí. (Una muchedumbre que sube a un autobús es laxamente entitativa; los miembros de un equipo deportivo, con una causa común y que lucen la misma camiseta, son sumamente entitativos.) Llevaron a cabo tres experimentos, en los que comparaban venganzas desplazadas contra terceras partes, laxa o sumamente entitativas. En el primer experimento plantearon supuestos hipotéticos; en el segundo, los probandos debían evocar una ocasión en la que se habían sentido ofendidos y especular sobre cómo se sentirían si pudieran vengarse en diversas terceras partes. En la última de las pruebas, víctimas reales podían optar por vengarse en terceras personas inocentes.

Se explicó a una serie de estudiantes que los compañeros con los que habían resuelto un rompecabezas pensaban no compartir el premio (unos vales de restaurante) con ellos. Antes de realizar la prueba, se les había mostrado un vídeo en el que su compañero —más tarde, su némesis— conversaba con otros dos estudiantes o bien los dejaba de lado. Estos sujetos vestían de manera similar o distinta a la del «mal compañero». Los individuos burlados podían optar entre no hacer nada o vengarse. En ese último supuesto, obligarían a estos otros alumnos a ver imágenes repulsivas.

En todos los experimentos, los vengadores explicaron que sentían que habían hecho tanta más justicia cuanto más cercanas al ofensor eran sus víctimas.

Arne Sjöstrom, coautor del estudio y psicólogo de la Universidad Philipp de Marburgo, señala que este estudio ilustra el modo en que la traslación de venganza puede alimentar las guerras entre bandas étnicas. Los resultados sugieren asimismo cómo romper los ciclos de represalia. «Una posible estrategia consistiría en promover percepciones de variabilidad grupal», sugiere Sjöstrom. De ese modo, el grupo diana parecería menos monolítico.

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