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Psicología del trabajo

Aburrimiento laboral

La baja exigencia y la monotonía en el trabajo ponen en peligro el bienestar psicológico de los trabajadores. No obstante, el llamado «aburrimiento crónico» laboral, o boreout, suele ser tabú.

Tareas escasas o insuficientemente exigentes, así como la pérdida de tiempo, les cuestan dinero a muchas empresas y los nervios a sus empleados. [Getty Images/Tetiana Soares/iStock]

En síntesis

El fenómeno del «aburrimiento crónico» en el trabajo, el llamado boreout, suele ignorarse. Por lo general, tener poco que hacer se considera una situación asumible.

Cerca de uno de cada tres cambios de trabajo planificados se halla relacionado con la infraexigencia laboral. Sin embargo, el boreout no es un diagnóstico reconocido.

Una carga de tareas adecuada y la sensación de dedicarse a una actividad significativa protegen contra el aburrimiento crónico laboral.

Tic tac, tic tac. Una habitación diáfana, sin decoración, de paredes blancas. Únicamente el tictac de un reloj rompe el silencio. Usted se encuentra en este lugar solo consigo mismo y con sus pensamientos. Tiene electrodos adheridos a la piel y sujeta un interruptor en la mano. Sabe que si lo aprieta recibirá una descarga eléctrica. ¿Qué hará?

Un equipo dirigido por el psicólogo Timothy Wilson, de la Universidad de Virginia, sometió a más de 200 personas a un experimento similar. Comprobaron que una de cada cuatro mujeres y dos de cada tres hombres presionaba el botón al menos una vez en el transcurso de 15 minutos. Previamente, los participantes habían recibido una descarga eléctrica a modo de prueba. Por tanto, sabían lo que les esperaba. Todos afirmaron que preferían pagar cinco dólares antes que volver a sentir ese dolor. Pero, por lo visto, el aburrimiento pudo más.

Con frecuencia, el aburrimiento se considera un problema de lujo. Quizá por esa misma razón no se haya convertido en un tema de investigación hasta fecha reciente. Para crear la sensación de tedio en el laboratorio, los científicos proponen actividades de lo más insípidas: por ejemplo, optar entre ver fotografías de babosas, observar cómo se seca una gota de pintura, copiar direcciones o mirar fijamente una pared blanca.

Un grupo encabezado por la economista Alycia Chin registró en un estudio de 2017 el aburrimiento cotidiano de casi 4.000 ciudadanos estadounidenses. Mediante una aplicación de teléfono móvil, los investigadores recopilaron datos de la actividad y el estado de ánimo de los participantes durante diez días. Cada 30 minutos a lo largo del día, estos indicaban dónde se hallaban, qué hacían y con quién se encontraban. De una lista de emociones debían escoger la que describiera mejor su estado anímico en ese momento, ya fuera ira, excitación, frustración, alegría, alivio o aburrimiento. Se recopilaron más de un millón de autoinformes.

Dos tercios de los voluntarios estuvieron aburridos al menos una vez a lo largo de los diez días. A menudo, ello se acompañaba de emociones negativas: soledad, enfado o tristeza. De manera sorprendente, se mostraron especialmente aburridos cuando estudiaban o trabajaban, sobre todo si su autonomía se encontraba limitada (por ejemplo, si cooperaban con compañeros).

En 2007, Peter Werder y Philippe Rothlin, consultores de empresas, rompieron con un tabú en el mundo laboral: escribieron sobre el aburrimiento en el trabajo. En su libro Boreout: El nuevo síndrome laboral, Werder y Rothlin contrastaron el más conocido y estudiado «síndrome de desgaste profesional» (burnout), un estado similar a la depresión a causa de la sobrecarga laboral, con una forma dañina de la escasez de carga y exigencia, el denominado boreout (del inglés bored, «aburrido»), algo así como «síndrome del aburrimiento crónico».

Según la hipótesis, las personas afectadas ya no se identifican con su trabajo, tienen poco que hacer o las tareas que realizan son poco exigentes y monótonas. Para no llamar la atención, suelen mostrarse ocupadas, aunque en realidad solo están cumpliendo su horario. Dicha conducta no tiene nada que ver con la pereza, indican Werder y Rothlin. De hecho, a menudo son los empleados particularmente comprometidos y talentosos los que más sufren este estado anímico.

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