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1 de Enero de 2009
Psicología

Fobia social

Ante la inminencia de una reunión social, algunos invitados sufren palpitaciones, temen hacer el ridículo o ni siquiera aparecen. Pero esa fobia admite cura.

A la mayoría de las personas no les resulta fácil hablar ante el público. Muchos fóbicos sociales temen esta situación más que cualquier otra. [Getty Images / Renphoto / iStock]

En síntesis

Las personas que padecen fobia social temen hacer el ridículo cuando hablan con otros o son el centro de atención. Se ponen nerviosas, tartamudean y sudan.

La fobia social afecta más a las mujeres que a los hombres. Se estima que más de la mitad de los afectados sufre otro trastorno psíquico, como manía o depresión.

Cuatro de cada cinco fóbicos sociales mejoran con la terapia cognitivo-conductual. Esta es más exitosa si se realiza de forma individual que si se aplica en grupo.

No es una mujer de bandera: 1,60 metros de altura, cara pálida, voz baja. De sus labios, cuentan sus compañeros, apenas sale un «hola» musitado. Ana solo habla si se le pregunta, lo que sucede raras veces, pues no suele contarse con ella. Pero aquella mañana se planta, en la plaza del mercado del pueblo, sobre un balde boca abajo y recita en voz alta la Canción de la campana de Schiller. Un par de transeúntes se paran y ríen. Cuando Ana ha recitado la última estrofa, se acerca un hombre, que había observado la escena de lejos, para comentarle: «Lo ha hecho bien. Puntúe su miedo en una escala de uno a diez».

Ana padece fobia social. Su acompañante es un terapeuta de la conducta, que le viene dedicando una hora a la semana desde hace tres meses. Su entrada en escena en la plaza del mercado (parte de una exposición pudorosa, en la que ya saben que se va a sentir incómoda) la habían planificado al detalle en la última sesión. La veinteañera había superado antes otras pruebas arriesgadas: abordar y dirigir la palabra a extraños en la calle, invitar a una compañera a tomar un café y asistir a un guateque; actos sencillos, que durante años había eludido.

Las personas con fobia social temen hacer el ridículo cuando hablan con otros u ocupan el centro de atención. En situaciones embarazosas así, muchos se ponen nerviosos, lo mismo en conversaciones con autoridades que en una conferencia o un examen. Otras situaciones parecen, por el contrario, inocuas; por ejemplo, acudir a un espacio lleno de gente, asistir a un aniversario o a una conferencia o simplemente hablar con otras personas, comer o escribir ante ellas.

Por lo general, los afectados tratan de obviar aquellas situaciones que consideran adversas. Si no lo logran, sufren un auténtico suplicio: palpitaciones, tartamudez, sonrojo, temblor o sudor. Temen que se perciba su miedo, que fracasen o que no salgan airosos, con el descrédito consiguiente ante los demás.

Sin embargo, no podemos atribuir ansiedad social a todo el que padece en alguna ocasión tales síntomas. Depende de la intensidad de la aflicción. En el curso de su vida, alrededor de un 7 por ciento de las personas en los países industrializados de Occidente padece ese trastorno psíquico, según publicaron en 2003 Hans-Ulrich Wittchen, de la Universidad Politécnica de Dresde, y Lydia Fehm, de la Universidad Humboldt de Berlín, después de haber recopilado un sinnúmero de estudios realizados en Alemania, EE.UU. y otros países. Los estudiosos del miedo coinciden en que aproximadamente tres cuartos de los afectados cumplen el diagnóstico ya antes de los 16 años de edad.

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