La ciudad como lienzo

Artistas callejeros aprovechan el entorno urbano para plasmar sus ilusiones ópticas.

WIKIMEDIA COMMONS / CSPANANGEL / CC BY-SA 2.0

La vida de nuestra ciudad abunda en temas poéticos y maravillosos. Nos hallamos envueltos y embebidos como en una atmósfera de lo maravilloso; pero sin percatarnos de ello. —Charles Baudelaire, 1846

Los paisajes urbanos son la plasmación de aspiraciones y sueños humanos. Representan el espíritu de una era; son personificación de las mentes y los corazones de quienes las habitan. Las excavaciones arqueológicas de ciudades antiguas y las ruinas, espléndidamente conservadas, de Pompeya y Herculano, resucitan nuestro pasado lejano. Si pudiéramos atisbar el futuro para entender lo que seremos, tendríamos que conocer el aspecto de nuestras urbes.

Las ciudades se apoderan de la imaginación en formas fascinantes. El arte y el folclore se hallan repletos de ciudades míticas e imaginarias, desde la Atlántida, sumergida y desaparecida, y El Dorado, la ciudad áurea, hasta la distópica Metrópolis del filme de Fritz Lang, o, más recientemente, Origen, con sus avenidas replegables y una arquitectura inspirada en Escher. Pero no es preciso recurrir a la ficción ni alejarse en el espacio o en el tiempo para experimentar asombro. Hasta los ambientes urbanos más nudos y funcionales pueden estar tachonados con gemas de magia y sorpresa, con trampantojos y mensajes ocultos («huevos de Pascua») que ponen a prueba nuestra percepción de lo que es real.

Nuestras ciudades cotidianas son más de lo que puedan parecer. A menudo, es cuestión de perspectiva.

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