Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

El amable ­asesino de al lado

Asesinos, narcotraficantes, capos de la mafia: los protagonistas turbios pero simpáticos de las series de televisión están de moda. ¿Qué nos fascina de los bellacos?

Dexter Morgan (interpretado por ­Michael C. Hall, en la imagen) lleva una doble vida: además de un reputado ­forense es un buen asesino en serie. Colecciona las muestras de sangre de sus víctimas. [PICTURE ALLIANCE / AP PHOTO / RANDY TEPPER]

En síntesis

Numerosas series televisivas de éxito están protagonizadas por personajes moralmente ­ambivalentes que contravienen las normas éticas e infringen las leyes.

Los espectadores consideran a menudo este tipo de historias tan fascinantes como las que presentan héroes clásicos. Se iden­tifican con unos malvados que ­también poseen una cara amable, e intentan justificar sus acciones.

Para muchos televidentes, ­reflexionar sobre cómo actuarían en situaciones similares
a la del personaje y qué acciones ­podrían considerarse legítimamente morales resulta ameno y excitante.

¿Qué tienen en común las películas de James Bond y los filmes de la saga cinematográfica la Guerra de las Galaxias? La respuesta se antoja sencilla. Todas narran historias que funcionan bajo un principio básico: los héroes se encuentran del lado de la ley y luchan por la justicia. Su objetivo es poner fin a las actividades de los malvados; propósito que, por lo general, logran. El asunto se complica cuando se habla de las actuales series televisivas de gran popularidad, entre estas, Los Soprano, Breaking Bad o Dexter. No existe en ellas una diferencia inequívoca entre el bien y el mal. Sus «héroes», como Tony Soprano, Walter White y Dexter Morgan, se hallan al margen de la ley, pues son capos de la mafia, narcotraficantes o asesinos en serie. ¿Por qué los televidentes consideran esas figuras ficticias igual de atractivas y divertidas que los protagonistas clásicos con una moral íntegra? ¿Qué efecto tiene la sintonización con un personaje malvado en el espectador?

Desde los años ochenta del siglo XX, los psicólogos de los medios de comunicación analizan los mecanismos del entretenimiento. En esos años, Dolf Zillmann desarrolló la influyente teoría de la regulación emocional. Según esta, los espectadores buscan mejorar su estado de ánimo mediante la elección de los programas televisivos. Junto con otros científicos de la Universidad de Indiana presentó una serie de experimentos con un patrón similar: los investigadores proponían a los participantes tareas especialmente monótonas, con lo que los aburrían, o les pedían que llevaran a cabo un test de rendimiento, de manera que se estresaban. Al finalizar, los sujetos podían elegir el programa de televisión que querían ver.

Los probandos aburridos escogían con mayor frecuencia contenidos audiovisuales estimulantes; por el contrario, los estresados elegían programas relajantes o de entretenimiento. Los investigadores concluyeron que los telespectadores utilizaban el televisor como medio para proporcionarse emociones agradables, entre ellas alegría, distensión y diversión, y distraerse de sensaciones desagradables, como el aburrimiento y las preocupaciones.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.