El mito de las neuronas espejo

Este año se celebra el trigésimo aniversario del descubrimiento de las neuronas espejo. Es hora de echar la vista atrás: ¿se cumplieron las expectativas que depositaron los científicos de la época en ellas? ¿Qué sabemos hoy de estas célebres células nerviosas?

[KOTO_FEJA / GETTY IMAGES / ISTOCK]

En síntesis

A principios de la década de 1990, el equipo de Giacomo Rizzolatti dio con un hallazgo casual espectacular: las neuronas espejo. Se generó tal burbuja informativa y publicitaria en torno a este descubrimiento que sobrepasó los límites de la neurociencia.

Los científicos atribuyeron a las neuronas especulares todo tipo de funciones trascendentes, entre ellas, el origen del lenguaje y la capacidad de empatía.

Hoy en día, los expertos se muestran más cautos. Las neuronas espejo son relevantes, sobre todo, para el reconocimiento y la imitación de movimientos. Pero en lo que respecta a los procesos sociales complejos, no parecen ser las únicas neuronas implicadas.

Verano de 1992. Cae un sol de justicia sobre Parma. En el Instituto de Fisiología Humana, un mono espera la vuelta de los científicos tras la pausa para comer. El macaco se encuentra conectado a un aparato que registra la actividad de sus neuronas en la corteza motora y emite un sonido cada vez que se dispone a alimentarse. El equipo de investigadores encabezado por Giacomo Rizzolatti va volviendo poco a poco de la cantina. Uno de los doctorandos llega dándole lametazos a su helado para acabárselo antes de regresar al trabajo. Cuando se lleva la bola de helado a la boca dentro del campo visual del mono, sucede algo que cambiará para siempre el campo de la investigación cerebral: el aparato pita aunque el animal no se haya movido. ¡Las mismas neuronas del macaco que descargan cuando él se lleva alimentos a la boca reaccionan también solo con ver a otro ser ejecutar ese movimiento! Así es como echa a andar el descubrimiento de las neuronas espejo.

La historia es fantástica y circula mucho por Internet, pero, por desgracia, no es cierta. Hoy, 30 años después, a Rizzolatti, quien entre tanto se ha jubilado, le hace mucha gracia: «No es más que un mito que apareció una vez en el New York Times y se propagó. Lo que sucedió en realidad es mucho menos espectacular: teníamos un dispositivo del que sacábamos el alimento de los monos. Para nuestra absoluta sorpresa, las neuronas de los animales también se excitaban cuando íbamos a por una recompensa».

Sin embargo, lo que cuenta la «historia alternativa» seguro que no se alejó mucho de la sensación real. Las neuronas espejo, o especulares, se convirtieron en las estrellas rutilantes de la investigación cerebral. Casi ningún otro tema atraía tanta atención entre la opinión pública. ¿O acaso era habitual que el New York Times informase sobre investigación básica en neurociencia? Se puso en marcha toda una campaña de relaciones públicas que impulsó todavía más el interés por parte de los medios de comunicación. El neurólogo Vilayanur Ramachandran, de la Universidad de California en San Diego, declaró: «Auguro que las neuronas espejo supondrán para la psicología lo que el ADN supuso para la biología».

Pero en el tiempo que ha transcurrido desde entonces, el interés científico por las famosas neuronas ha ido menguando. Cabe preguntarse qué sabemos realmente, treinta años después de su descubrimiento, de las neuronas especulares. ¿De verdad son esos elementos tan versátiles como los medios de comunicación y muchos investigadores pensaban que eran? ¿O el fulgor que tuvieron en otra época se ha ido apagando?

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