Implantes retinianos: luz en la oscuridad

El objetivo de las nuevas prótesis visuales es reemplazar los fotorreceptores inexistentes o defectuosos de la retina y devolver un poco de visión a las personas ciegas

[PHILIPPE PSAILA / SCIENCE PHOTO LIBRARY]

En síntesis

Mientras que las lesiones en la córnea o el cristalino se pueden tratar mediante cirugía, los defectos de la retina, hoy por hoy, prácticamente no disponen de tratamiento.

Gracias a los implantes retinianos, varios cientos de personas ciegas pueden recuperar parte de la visión. Sin embargo, la primera generación de chips ha quedado por debajo de las expectativas.

Varios científicos están investigando prótesis mejoradas. Otros buscan conseguir que las neuronas de la retina se vuelvan fotosensibles.

Desde que le diagnosticaron retinosis pigmentaria a los 6 años de edad, Peter Böhm vive sabiendo que va a perder la vista de manera progresiva. Esta enfermedad hereditaria que causa la muerte de las células retinianas sensibles a la luz afecta a alrededor de una de cada 4000 personas. Suele generar problemas de visión importantes, como ceguera nocturna, hipersensibilidad al deslumbramiento y visión en túnel. Una parte de los afectados pierde la vista por completo. En 2014, Böhm ya no veía nada con el ojo izquierdo y muy poco con el derecho.

Ese mismo año se sometió a una intervención para recuperar parte de la visión: le colocaron un implante en la retina del ojo izquierdo. Este tipo de prótesis visuales están compuestas por un chip que, a su vez, contiene varios cientos de electrodos o de fotodiodos sensibles a la luz. Transforman la luz en pequeños impulsos eléctricos que emiten a su entorno. Las neuronas de la retina registran esa señal y la transmiten al cerebro. A continuación, en la corteza se origina una impresión de «fosfenos», unos puntos luminosos de un solo color.

Tras la intervención, Böhm fue capaz de ver los fuegos artificiales de las fiestas. En 2017, compartió su experiencia en una conferencia TEDx: le maravilló poder ver el espectáculo pirotécnico con ambos ojos, aunque solo percibiera manchas claras sobre un fondo oscuro. Para comparar lo que veía con cada ojo, contempló la exhibición con uno cada vez: primero con el no intervenido; luego, con el que disponía de un chip. Comprobó que percibía los fuegos artificiales prácticamente igual de bien con los dos. «Con el ojo biónico podía incluso enfocar un poco mejor», explica. Con solo pulsar un botón podía ajustar la sensibilidad al contraste y la amplificación de la luz del chip.

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