Olvidos de lo más normales

Todos cambiamos alguna vez y sin percatarnos las cosas de sitio, olvidamos nombres o incluso una cita. ¿Deberíamos preocuparnos por ello? Según la neurociencia, no. El propio sistema de funcionamiento de nuestra memoria revela el porqué.

[CORRADOBARATTAPHOTOS/ GETTY IMAGES/ ISTOCK]

En síntesis

De vez en cuando, en los medios de comunicación aparecen personas capaces de memorizar libros enteros o una larga lista de códigos postales. En comparación, nuestra memoria se nos antoja bastante mediocre.

Sin embargo, cierto grado de olvido resulta normal en una memoria sana. Si almacenásemos cada uno de los estímulos que recibimos, dejaríamos de ser
capaces de actuar.

Con el paso de los años, el cerebro va volviéndose más lento, aunque la memoria a largo plazo apenas se reduce. En cambio, el rendimiento de la memoria operativa disminuye. Por ello, las personas mayores pierden el hilo con más facilidad.

Hace poco cayó en mis manos una carta al director publicada en una revista de moda. Hablaba de un artículo en el que se criticaba la falta de modelos de portada con medidas «normales». La lectora se preguntaba: «¿Qué es eso de "ser normal"? Yo no soy baja ni tengo curvas, tampoco soy grácil y hace mucho que dejé de ser grande». ¿Tenía, pues, una constitución normal?

Algo parecido nos preguntamos seguramente casi todos respecto a la memoria. ¿Soy olvidadizo? ¿O mis lapsus de memoria se hallan dentro de lo que se considera normal? Además, cuando leemos que existen personas como Kim Peek, que puede citar 12.000 libros de memoria, o como Suresh Kumar Sharma, quien logra memorizar 70.000 decimales del número pi, nuestra propia capacidad memorística se nos antoja bastante pobre.

Pero en ese supuesto estamos pasando por alto todo lo que nuestra memoria es capaz de efectuar en el día a día. Los cerca de 87.000 millones de neuronas y los casi 15 trillones de sinapsis de nuestro encéfalo disponen de una enorme capacidad de almacenamiento. El cerebro no funciona como un ordenador, por lo que resulta difícil expresar esa capacidad en cifras, pero según una estimación aproximada de los expertos, ¡es de nada menos que 2,5 petabytes! Si nuestro cerebro fuera una cámara de vídeo, podría almacenar unos 3 millones de horas de película, que equivale a unos 300 años viendo la televisión sin parar.

Debe admitirse, sin embargo, que esa comparación presenta lagunas. El cerebro registra los recuerdos en redes neuronales, no en chips binarios. Cuando se produce el almacenamiento de un recuerdo, las neuronas modifican la intensidad de las conexiones sinápticas con las células nerviosas adyacentes. Ese proceso es gradual, lo que en comparación con un sistema de funcionamiento binario de «encendido o apagado» aumenta de modo considerable la capacidad de almacenamiento.

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