Impactos en el cerebro

Las lesiones cerebrales leves de carácter traumático representan una plaga silenciosa, pero despiadada, entre los ex combatientes y una amenaza oculta para la salud de los civiles.
getty images (explosión); © istockphoto / Mikhail Basov (cerebro)
En Irak, de Jeremy, llamémosle así, se esperaba que, como soldado de ingenieros, localizase bombas no estalladas junto a las carreteras. Pero las bombas lo localizaron a él. En un intervalo de 72 horas, dos artefactos explosivos improvisados (IED, en sus siglas en inglés: Improvised Explosive Device) estallaron a menos de cinco metros de este padre de menos de treinta años. El primer tren de ondas expansivas, un muro móvil de aire fuertemente comprimido que emana de la explosión, le dejó inconsciente por unos instantes. El segundo le aturdió durante unos 30 minutos y le produjo un zumbido en los oídos que tardó una semana en desaparecer. Aquellas explosiones no dejaron en Jeremy lesiones visibles, pero lo cierto es que nunca volvió a ser el mismo.
Tras su período de servicio en Irak, Jeremy se mostró más irritable con su esposa y su hijo. En su trabajo de gerente en una empresa de ámbito nacional, se inquietaba si los clientes se mostraban bruscos o la actividad adquiría un ritmo rápido. Su memoria se había deteriorado y necesitaba emplear una agenda de actividades diarias para acordarse incluso de las tareas más elementales. Sufría también de dolores de cabeza incapacitantes, ataques de pánico o confusión, cambios de humor e ilusiones sensoriales tales como sabor metálico o zumbido en los oídos. Las pruebas neuropsicológicas revelaron que Jeremy padecía de auténticas insuficiencias en los procesos mentales, en la atención y en la memoria verbal a corto plazo.

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