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«Puedes cambiar tu estilo emocional»

El fundador y director del Centro de Investigación de Mentes ­Saludables de la Universidad de Wisconsin-Madison, Richard J. Davidson, explica cómo podemos transformar nuestras emociones y de qué forma ello influye en nuestro cerebro.

Richard Davidson nació en 1951. Es profesor de psicología, además de fundador y director del Centro de Investigación de Mentes Saludables de la Universidad de Wisconsin-Madison. Centra su investigación en las bases neurales de la emoción y del estilo emocional, así como en los métodos para influir en dichas capacidades (la meditación, entre otros). Afirma que podemos entrenar nuestra mente para ser felices. Es autor de varios libros.

¿Qué determina nuestro estilo emocional: la genética o la experiencia?

Ambas cosas. El estilo emocional es una manera recurrente de reaccionar a los acontecimientos que tienen un significado afectivo para nosotros. Como todos los comportamientos complejos, es el resultado conjunto de nuestros genes y de nuestro ambiente. Los factores genéticos explican por qué ciertas formas elementales del estilo emocional se observan muy temprano. Es el caso, por ejemplo, de la resiliencia, que concierne a la rapidez con la que se supera una experiencia. Los recién nacidos no reaccionan de la misma manera al hambre o al dolor de estómago: algunos se quedan intranquilos durante un tiempo mientras que otros pasan rápidamente a otra cosa. Con el tiempo, este precursor de la resiliencia evoluciona hacia una forma más madura. Pero insisto en un punto: las influencias ambientales, en particular las precoces, desempeñan un importante papel. Tener predisposiciones genéticas no significa que sea imposible cambiar. Por el contrario, cada una de las dimensiones del estilo emocional, seis en total, pueden modificarse mediante el entrenamiento.

¿Cuándo resulta beneficioso modificar nuestro estilo emocional?

Es interesante cuando queremos avanzar hacia un mayor y más sostenible bienestar. No se trata de ser feliz durante todo el tiempo: usted puede experimentar un alto grado de bienestar y pasar por momentos de tristeza. Es lo más apropiado ante algunas situaciones, por ejemplo, en caso de duelo. Pero todos tenemos formas de reaccionar con las que no estamos satisfechos y que nos gustaría cambiar. Compréndame bien: no digo que exista un estilo emocional ideal. Ciertas dimensiones emocionales, como la resiliencia o la capacidad de experimentar emociones positivas, probablemente hacen la vida más fácil. Pero he conocido a personas creativas y fascinantes que asumen una cierta fragilidad. Así pues, lo importante es hacer un balance de ti mismo siendo honesto contigo mismo. ¿Ciertos aspectos de cómo soy me hacen sufrir? ¿Me perjudican en la vida personal o profesional? En estos casos resulta útil cambiar. Estoy convencido de que trabajar el propio estilo emocional permite sentirte mejor en general y más acorde con cómo te gustaría ser. Ello resulta aún más interesante porque existe una clara asociación, según han confirmado numerosos estudios, entre el bienestar psicológico y la salud física.

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