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28 tonalidades de zuecos agujereados

La investigación en torno a los populares zapatos Crocs explica el caso del vestido viral.

Zuecos rosas bajo tres tonalidades de luz verdosa. Pueden parecer rosas o grises según la persona que los observa. [Cortesía de Pascal Wallisch]

El año 2015 pasará a la historia de la investigación por marcar un punto de inflexión en el que Internet revelaba un fenómeno visual completamente nuevo: un vestido que medio mundo percibía en negro y azul mientras la otra mitad lo veía blanco y dorado [véase «El misterio del vestido viral», por Susana Martinez-Conde y Stephen L. Macknik; Mente y Cerebro n.o 75, 2015]. La fotografía dividió la humanidad en dos facciones irreconciliables y revolucionó la comprensión de los científicos respecto a la percepción del color. Se trataba de una nueva categoría de ilusión en la que diferentes personas veían la misma imagen de manera diametralmente opuesta. Ambos sectores se encerraban en sus respectivas percepciones y por mucho que lo intentasen, ni los partidarios de azul y negro ni los del blanco y dorado eran capaces de percibir la prenda como sus contrarios.

La idea de que un objeto pudiera parecer de un color determinado bajo ciertas condiciones lumínicas, y de otro al cambiarlas tampoco resultaba nueva. Lo novedoso del caso era que la misma imagen, en las mismas condiciones visuales, pareciese tan diferente según la persona. La ambigüedad del color se revelaba solo cuando la mitad de los observadores disentía con la otra mitad en las redes sociales.

La comunidad científica se volvió loca. ¿Se trataba quizá de un fenómeno causado por las pantallas de los diversos dispositivos? ¿Se relacionaba con el sexo, la cultura, la educación o cualquier otra categoría que afectase al cerebro y al sujeto? ¿Cuántas personas percibían la imagen de un modo y cuántas del otro? Este vestido provocó innumerables discusiones. Los investigadores expertos en la visión comprobaron el fenómeno. Concluyeron que no se debía a diferencias triviales entre las condiciones de observación. Cinco años después, aún se debate cuál es el mecanismo que subyace a esta ilusión.

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