Alteraciones en la estructura cerebral occipital

La relación entre el repliegue anómalo de los lóbulos occipitales y los síntomas del trastorno de la depresión.

Las neuroimágenes revelan un mayor repliegue de los lóbulos ­occipitales (arriba) en las personas con depresión. [DE: «OCCIPITAL BENDING IN DEPRESSION». JEROME J. MALLER ET AL. EN BRAIN, VOL. 137, N.º 6, JUNIO DE 2014]

Hace decenios que los científicos estudian la estructura cerebral, por lo que la mayor parte de las enfermedades que se relacionan con alteraciones estructurales se conocen desde hace tiempo y los nuevos descubrimientos de esta naturaleza son raros. Sin embargo, en verano de 2014 el neurocientífico Jerome J. Maller, de la Universidad Monash y del Hospital Alfred en Melbourne publicó un novedoso hallazgo. Tras nueve años de repasar y clasificar incontables imágenes cerebrales, observó un tipo especial de anomalía cerebral que parecía más frecuente en los pacientes deprimidos. Según describió, los lóbulos occipitales del cerebro de estas personas se encontraban a menudo enrollado uno en otro.

Maller y sus colaboradores siguieron investigando. Hallaron que los diagnosticados con depresión presentaban una frecuencia tres veces mayor de tener los lóbulos envueltos entre sí. Este «envoltorio occipital» fue observado en el 35,3 por ciento de los pacientes deprimidos y en el 12,5 por ciento de los sujetos de control, según su artículo, publicado en Brain. El efecto era más acusado en el sexo femenino: un 45,8 por ciento de mujeres con trastorno depresivo grave presentaba asimetría occipital frente a solo un 5,9 por ciento de mujeres sanas. Es posible que ello se deba a que el cerebro femenino se ajusta más al cráneo que en el caso de los hombres.

En estudios anteriores se había observado que esta anomalía de los lóbulos occipitales era más común en los individuos con esquizofrenia. Maller propone que los lóbulos pueden envolverse uno con otro cuando escasea el espacio para el crecimiento del cerebro, tal vez porque la poda neuronal cerebral (proceso por el que el cerebro se deshace de neuronas que ya no necesita) no resulta suficiente. De hecho, en muchos otros estudios se ha señalado que el cerebro deprimido se encuentra hiperconectado.

Maller ignora si el hallazgo tendrá consecuencias clínicas aparte de contribuir al diagnóstico de la depresión, pero los expertos confían en que esta vía de investigación contribuya a comprender el trastorno. «El estudio sugiere que existe algún fundamento biológico para, al menos, ciertas formas de depresión», señala William Hopkins, profesor de neurociencias en la Universidad estatal de Georgia y no partícipe en la investigación.

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