Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Mayo de 2015
Etnología

Evolución de la violencia humana

Las guerras atraviesan la historia de la humanidad. ¿Será porque forman parte de nuestra herencia evolutiva? Los etnólogos investigan las raíces del comportamiento violento en pueblos primitivos que viven de la caza y la recolección.

THINKSTOCK / GETTY IMAGES / DAN KITWOOD

En síntesis

La violencia individual es un fenómeno universal: incluso se observa en las comunidades cazadoras-recolectoras. No ocurre lo mismo con las guerras colectivas y organizadas.

Las sociedades de cazadores y recolectores disponen de diversas estrategias para la resolución de conflictos: la negociación, el apaciguamiento y los rituales de lucha.

Al parecer, las propiedades y el sedentarismo favorecieron la aparición de la guerra entre los humanos.

Entre Doris y Beryl Nagamara el ambiente se encuentra caldeado. Las dos mujeres se gritan. Al otro lado, sus maridos Jack y Alec Djabaldjari, respectivamente, no parecen inmutarse. Aparte de que son viejos amigos, ¿por qué deberían inmiscuirse en las riñas de sus mujeres? Sin embargo, la situación se pone seria: Beryl toma un palo y asesta un fuerte golpe en la cabeza de Doris. Chloe Nagamara, amiga de esta última, corre en su ayuda. Codo a codo golpean a Beryl. Alertado por el grito de Beryl, Clarry Djabaldjari, el marido de Chloe, decide intervenir: con su bumerán ahuyenta a su agresiva mujer del lugar.

A principios de los años cincuenta, el antropólogo Mervyn Meggitt (1924-2004) fue testigo de esta escena en un campamento de los walbiri, una tribu aborigen de Australia Central. La anécdota contradice la típica imagen de las sociedades primitivas pacíficas que vivían en una armonía paradisíaca. De hecho, la violencia y la guerra empezaron a formar parte de la vida humana con la aparición de las propiedades y la delimitación de territorios, según una hipótesis harto extendida.

¿Eran también violentos y bélicos nuestros antepasados recolectores y cazadores? La respuesta a esta pregunta incide en un punto central de la naturaleza humana. Al fin y al cabo, la humanidad ha vivido más del 95 por ciento de su historia como cazadora, es decir, en pequeños grupos nómadas de unos 25 miembros que han subsistido gracias a las presas que cazaban y a las plantas salvajes que recolectaban. Todavía hoy algunos humanos practican este modo de vida, entre ellos, los aborígenes de las zonas desérticas de Australia, los bosquimanos del desierto Kalahari, los bambutis de la selva tropical de Iruti en la República Demorática del Congo, los inuits de Alaska Central o los yaganes del archipiélago fueguino.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.