En los tribunales, la apariencia cuenta. Según se ha comprobado, ciertos rasgos físicos influyen en los jueces y el jurado a la hora de valorar la culpabilidad de la persona acusada o de decidir sobre la sanción que se merece. Veamos algunas de estas características:

Buena presencia. Los jurados tienden a valorar con mayor dureza a los acusados poco atractivos. No obstante, si consideran que una persona se valió de su buen aspecto para cometer un delito, como despojar a ancianas de los ahorros de toda una vida, el atractivo puede ejercer de agravante.

Cara aniñada. A menudo, los adultos de rostro aniñado se tienen por inocentes y sinceros, lo que favorece que se les juzgue con mayor indulgencia cuando se trata de un delito con premeditación (estafa o robo, entre otros). Ahora bien, si la infracción consiste en una negligencia (conducir bajo los efectos del alcohol, por ejemplo) es probable que reciban penas más severas.

Sexo. Tendemos a juzgar con mayor rigor a las personas de nuestro mismo sexo.

Raza. Numerosos estudios muestran que los prisioneros latinos o africanos reciben penas más severas. Un trabajo con una muestra amplia de sujetos reveló que cuantos más rasgos típicos de la raza negra presenta un acusado, tanto más probable es que el jurado le sentencie a muerte, ahora bien, solo si la víctima es blanca.

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El sentimiento de aversión influye en los prejuicios

    • Matthew Hutson

Los grupos sociales que despiertan rechazo son juzgados con mayor dureza por actos considerados impuros.

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