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Autocontrol para el futuro

Los niños con un control de los propios impulsos y reacciones podrían gozar de mejor salud y bienestar en su adultez.
© Dreamstime / Cheryl Casey
El control de sí mismo, esto es, la capacidad de regular nuestra atención, emociones y conductas, aflora en la infancia y se desarrolla a lo largo de la vida. El grado en que se adquiere varía mucho de unos individuos a otros. Estudios pasados señalaban que el autocontrol resulta, en parte, hereditario, y en parte, aprendido; también que quienes lo poseen en menor grado tienen mayor probabilidad de perder el empleo, pecar de gula o vivir menos años. En un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences USA, que vincula el autocontrol en la infancia con la salud y el bienestar de adulto, se señala que a todos, no solo a quienes carecen de esta destreza, les convendría reforzar su capacidad de autocontrol.
El equipo de Terrie E. Moffitt, psicóloga de la Universidad Duke, estudió el autocontrol de un grupo de 1037 niños nacidos entre 1972 y 1973 en Dunedin, una ciudad de Nueva Zelanda. Los científicos observaron a los niños desde los 3 a los 11 años; también recabaron informes bienales de sus progenitores y maestros. Para determinar el autocontrol de cada niño, evaluaron su capacidad de atención, además de su constancia e impulsividad en diversas situaciones. Finalmente, cuando los participantes cumplieron los 32 años, valoraron su salud, situación económica y tropiezos con la justicia.
El estudio señala que los sujetos que de niños mostraban un menor control de sí mismos, de adultos presentaban una mayor tendencia a padecer problemas de salud, drogodependencias o alcoholismo, a formar familias monoparentales y a tener antecedentes penales.
El equipo descartó como explicaciones plausibles la inteligencia y el estatus socioeconómico de los probandos; también examinó si las diferencias de crianza podrían desempeñar algún tipo de función. Para ello se estudiaron 509 pares de gemelos británicos, nacidos entre 1994 y 1995. El equipo evaluó el auto­control de los gemelos a la edad de cinco años: el hermano que manifestaba un menor dominio de sí mismo probablemente empezaría a fumar, a portarse mal y a tener dificultades escolares a los 12 años.
Moffitt señala que en el grupo de Dunedin, cuanto más autocontrol manifestaba el niño, mejor le iba en su vida adulta. «Incluso niños cuyo control de sí mismos supera la media, podrían mejorar sus resultados vitales si aumentasen su grado de autocontrol», señala Moffitt. Los programas para aumentar la capacidad de control en colegios, por ejemplo, resultan eficaces. Según postula el equipo de Duke, la intervención en la infancia podría propiciar a todos los chicos un futuro mejor.

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