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De tics y compulsiones

Las imágenes cerebrales permiten discriminar el síndrome de Tourette del trastorno obsesivo-compulsivo.
Alamy
A primera vista, el síndrome de Tourette y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) poco tienen en común. El primero se caracteriza por muecas o tics del rostro, o por repeticiones verbales involuntarias; los pacientes de TOC, en cambio, sufren pensamientos agobiantes e impulsos abrumadores para realizar determinados actos con urgencia. Pero entre un 50 y un 70 por ciento de los individuos con Tourette sufren también TOC. Estudios recientes hacen presumir que ambos males podrían compartir raíces genéticas. Una investigación publicada en Neurology aporta un conocimiento más pleno de las semejanzas y disparidades entre ambos, pues ha revelado varias diferencias clave en la actividad cerebral de los pacientes de Tourette que también sufren TOC, y los que no.
Andrew Feigin y sus colaboradores de Sistema de Salud de North Shore LIJ, en Manhasset efectuaron escáneres de tomografía por emisión de positrones (TEP) a 12 diagnosticados de Tourette no medicados (de ellos, algunos también con TOC) y a otros 12 individuos sanos. La TEP revela pautas de actividad cerebral.
En la comparación con individuos sanos, los pacientes con Tourette exhibían mayor actividad en el cerebelo y en la corteza premotora, regiones estas responsables del control de los movimientos, y menor actividad, en cambio, en el estriado y en la corteza orbitofrontal, que participan en el aprendizaje y en la adopción de decisiones. Estos hallazgos respaldan la idea de que los síntomas del trastorno pueden deberse a la incapacidad del cerebro para suprimir acciones anómalas mediante destrezas decisorias.
Por otra parte, al comparar los pacientes de Tourette con TOC, con los que no manifestaban este último trastorno, se apreció que los primeros exhibían una actividad más intensa en la corteza motora primaria y en el precúneo, área involucrada en la conciencia que uno tiene de sí mismo. Según investigaciones anteriores, en los pacientes con ambos trastornos, el TOC pudiera manifestarse más en las formas compulsivas que en las obsesivas; estos hallazgos respaldan la idea siguiente: el aumento de actividad del precúneo puede ser reflejo de los esfuerzos y facultades de los individuos para resistirse al pensamiento obsesivo; en cambio, la corteza motora puede ser más activa cuando el TOC se manifiesta más por acciones materiales que por procesos mentales.
Aunque las redes neuronales que parecen estar implicadas en el síndrome de Tourette y en el TOC son distintas, se encuentran en regiones cerebrales que desempeñan funciones similares, en particular, la actividad motora y la toma de decisiones. El descubrimiento no es demasiado sorprendente, explica Feigin, pues los tics son en realidad muy parecidos a los actos compulsivos. En ambos, después de todo, hay un exceso de movimientos involuntarios.

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