Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

En paz con el ayer

Algunas personas sufren de manera crónica sentimientos de amargura, abatimiento, humillación y venganza tras ciertas experiencias gravosas. La "terapia de la sabiduría" les permite cambiar de perspectiva y recuperar la calma.

© fotolia / Konstantin Sutyagin

En síntesis

La ira y la frustración caracterizan el trastorno postraumático por amargura. El sujeto no logra desembarazarse de la injusticia o del agravio padecidos.

Los afectados carecen de recursos para afrontar las cargas y resolver los problemas. La terapia ayuda a que reactiven esas habilidades de «sabiduría».

El objetivo de la terapia estriba en hacer comprender al paciente que la disputa con la injus­ticia impide el bienestar psíquico. La persona aprende a contemplar el problema desde otra perspectiva.

Alicia (nombre ficticio) fue en el pasado una eficiente y orgullosa encargada de una tienda de modas. No obstante, desde hace unos años no sale de casa, siente ira, desazón, pesimismo y ni siquiera puede ver el logotipo de la compañía textil para la que trabajó. Una mañana, Alicia vio como sus años de trabajo y dedicación laboral quedaban truncados por unas acusaciones falsas. La dueña de la empresa la culpó a ella y a su compañera de ser responsables de unas irregularidades en la contabilidad del negocio. Aunque la dirección de la compañía comprobó más tarde que Alicia no tenía nada que ver en el asunto, fue trasladada a otra filial. «Para que la podamos controlar mejor», le comentó en su día su superior. Alicia se tomó la medida como un agravio personal injusto e insultante. Su estado de ánimo empeoró con el tiempo: cada vez se sentía más abatida y sin fuerzas, no podía levantarse de la cama para acudir o llamar al trabajo. La sola contemplación del logotipo de la compañía le causaba inquietud, temblor y sudor. Hasta hoy.

La historia de Alicia es un ejemplo de algunas de las reacciones que pueden desencadenar los acontecimientos gravosos en las personas: desde tristeza y abatimiento, pasando por temores y pesadillas, hasta ira y resentimiento. Por lo general, la mayoría de los sujetos superan, antes o después, las experiencias más o menos traumáticas (el despido laboral o la pérdida de un ser querido entre otros). Sin embargo, cuando durante meses o años el individuo no logra salir del atolladero, los psiquiatras y los psicoterapeutas diagnostican una depresión o un trastorno de adaptación.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.