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  • Mayo/Junio 2012Nº 54

Psiquiatría

Sin rumbo fijo

Impulsivos, con dificultades para concentrarse y problemas en su vida laboral y personal: son adultos con TDAH. ¿Cómo afecta el trastorno a su vida diaria? ¿Qué tratamientos se les ofrece?
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Para algunos resultan vivarachos, para otros, alborotadores. Llevan a sus padres al borde de un ataque de nervios. Apenas pueden mantenerse sentados con calma, escuchar con atención o concentrarse en una tarea. Thorsten W. era así en su niñez; su comportamiento un tanto peculiar no pasaba inadvertido para nadie. Ahora, a los 20 años, recuerda cómo su conducta impulsiva persistente causaba riñas continuas con los profesores. Tampoco ninguna novia aguantaba por mucho tiempo sus bruscos cambios de humor. Los sucesivos intentos académicos y formativos acababan en fiasco.
Solo cuando un médico le diagnosticó trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), Thorsten alcanzó a entender el porqué de sus múltiples fracasos; también vio una puerta a una nueva vida. Hoy por hoy, este joven trabaja. Su puesto laboral requiere bastante movimiento físico y poca precisión. También ha aprendido a manejar su temperamento inquieto.
Pese a la creencia extendida de que el TDAH consiste en una alteración propia de niños y adolescentes, no es extraño que persista durante la edad adulta. Es más, alrededor de un tercio de los pacientes sufren el trastorno de forma crónica. Diversos estudios internacionales concluyen que hasta el 4,5 por ciento de la población adulta padece esta psicopatología, a menudo acompañada de otros problemas psíquicos y sociales, como la adicción, que se suman al sufrimiento propio del TDAH. El desarrollo de la personalidad también puede afectarse.

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