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Oxitocina

Inunda el cuerpo en el orgasmo, convierte en mágico el contacto con la piel y desactiva el estrés: es la oxitocina. Se estudia la posibilidad de aplicar esta sustancia en el tratamiento de la depresión, la fobia social o el autismo, entre otros.

Una mano cálida ofrece confianza, y el cerebro recibe una potente dosis de oxitocina. [Getty Images/Xesai/iStock]

En síntesis

Durante mucho tiempo, el neuropéptido oxitocina se conocía solo como «hormona del embarazo»: estimula la producción de leche materna y favorece el vínculo entre madre e hijo.

Hoy se sabe que desempeña una función central en la conducta social, ya que favorece la confianza mutua, disminuye el estrés social y su concentración aumenta durante el orgasmo.

Según estudios piloto, la multifacética hormona podría contribuir al tratamiento de trastornos como la depresión, la esquizofrenia y el autismo.

Amor, sexo, erotismo. Todo, por supuesto, desde un punto de vista estrictamente científico: 44 jóvenes varones se llevan un frasquito a la nariz, presionan repetidas veces con fuerza el pulverizador e inhalan profundamente. En ese momento, la sustancia inhalada emprende su camino hacia el cerebro. Al menos eso es lo que experimentan 22 de los participantes en el estudio; la mitad restante aspiran, en cambio, solo una sustancia inocua. A continuación, empiezan a aparecer en una pantalla situada frente a ellos, una tras otra, letras que poco a poco van formando palabras: amor, odio, beso, prostíbulo.

El ejercicio consiste en pronunciar con la mayor celeridad posible la palabra. ¿Resultado? Aquellos que han aspirado del frasco una dosis adecuada de oxitocina reconocen de forma inmediata las palabras con significado positivo respecto a las relaciones sociales o al sexo.

«Esta es una de las primeras investigaciones que demuestra los efectos cognitivos de la oxitocina», explica Christian Unkelbach, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, y director del estudio. «La oxitocina centra su acción especialmente en la información social positiva, creando de ese modo confianza», indica. Poco antes, Adam Guastella, jefe de Ulkebach, había demostrado un efecto parecido en su estudio sobre la memorización de rostros con expresión de satisfacción. Quien se halla bajo los efectos de una dosis adicional de oxitocina recuerda mejor una cara amable que otra triste o emocionalmente neutra. ¿Crea felicidad la oxitocina?

Hasta hace poco, apenas nadie creía en la posibilidad de que una hormona fuera capaz de desarrollar semejantes funciones. Excepto Markus Heinrichs, de la Universidad de Zúrich. «Oxitocina, relaciones sociales y confianza van de la mano», afirma convencido. «Ciertos hallazgos revolucionarios» han contribuido a que la investigación sobre la oxitocina se convierta en uno de los temas candentes en el ámbito de las neurociencias. Existen unos 25 grupos de trabajo en todo el mundo dedicados a revelar los misterios de dicha molécula.

De estimuladora del parto a antipsicótico

La oxitocina arrastra desde hace tiempo la fama de hormona del erotismo, el amor y el manoseo, ya que se segrega, ante todo, en el momento del orgasmo. Proporciona magia al contacto amoroso con la piel, amortigua el estrés y nos hace generosos. La oxitocina es el elixir de la confianza y la entrega, une a padres e hijos, hace inseparables a los amantes y preserva la amistad.

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