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Cómo anticipamos los sonidos

La regularidad temporal en la repetición de un sonido produce una disminución de la respuesta cerebral, lo que permite al sistema auditivo interpretar el entorno acústico en términos probabilísticos.
WIKIMEDIA COMMONS/Appaloosa/CC BY-SA 3.0
Predecir los estímulos que acontecerán en el entorno y adaptar nuestro comportamiento a ellos son acciones esenciales en la vida cotidiana, las cuales se encuentran en estrecha relación con nuestros sistemas perceptivos. Así, cuando cruzamos una calle debemos anticipar el movimiento de los vehículos con el fin de no colisionar con ellos.
Menos claro, aunque sugerente, es el postulado de algunas teorías recientes que consideran que la percepción en sí misma constituye un acto de inferencia, cuyo propósito sería el de generar hipótesis sobre la estructura causal del entorno a partir de los conocimientos previos y la información actual que reciben los sistemas sensoriales. Ello permitiría tener constancia de los objetos perceptivos, entendiéndolos como entidades globales con sentido propio.
En el caso del sistema auditivo, la constancia del objeto resulta esencial para la segregación de las fuentes de sonido, ya que las rápidas perturbaciones del aire producidas por su vibración llegan a los oídos en forma de mezcla de ondas de presión.

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