Imágenes que sirven de analgésico

Observar la fotografía de un ser querido puede paliar el dolor físico.
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Muchas mamás toman la mano de sus hijos para tranquilizarles en el momento en el que el pediatra se dispone a inyectarles la vacuna. Por instinto sabemos que el contacto con un ser querido ayuda a mitigar el dolor, supuesto que también respaldan los datos científicos. Dos estudios indican, además, que un mero recordatorio de la persona ­ausente (una fotografía) proporciona el mismo alivio.
Una investigación publicada en Psychological Science en 2009 demostró por primera vez tal efecto. La psicóloga Sarah Master y sus colaboradores, de la Universidad de California, estudiaron a 25 mujeres que tenían pareja masculina desde hacía más de seis meses. Las investigadoras sometieron a las voluntarias a distintos grados de estimulación térmica mientras estas asían la mano de su amado, sentado al otro lado de un telón, o la de un desconocido al que tampoco veían; o bien mientras observaban una fotografía de su pareja o la de otro hombre. La mano de su media naranja e incluso la su retrato reducían el dolor más que el contacto o la visión de un individuo extraño: la fotografía, pues, resultó tan eficaz como el contacto físico.
Para comprender mejor cómo el amor alivia el dolor, en un estudio publicado en el número de octubre de 2010 de PLoS One se atisbó en el interior del cerebro. El neurocientífico Jarred Younger y sus colaboradores, de la Universidad Stanford, reclutaron a 15 estudiantes que hacía nueve meses que habían iniciado una relación apasionada. Los probandos tenían que fijarse, mientras se hallaban en un escáner de resonancia magnética funcional, en fotografías de sus partenaires o en retratos de personas conocidas por ellos y atractivas, o participar en un juego de asociación de palabras. Durante estas distracciones, los experimentadores aplicaron las palmas de las manos de los probandos a temperaturas que causaban un dolor ligero, mediano o agudo.
Mientras que las fotografías de conocidos no ejercieron efectos analgésicos eficaces, la visión de los rostros de los seres amados, así como la participación en el juego de palabras redujo, en promedio, la sensación dolorosa subjetiva entre un 36 y 44 por ciento. En el caso del dolor intenso, la reducción fue de entre un 12 y un 13 por ciento.
Por otra parte, tan solo las fotografías de las personas amadas activaron los centros de recompensa ubicados en la amígdala, el hipotálamo y la corteza orbitofrontal medial. Asimismo, los rostros de las parejas sentimentales redujeron la actividad de importantes áreas de procesamiento del dolor: la ínsula posterior izquierda y derecha.
Dado que los centros de recompensa no se activaron en respuesta al juego de palabras ideados como distracción, los investigadores argumentan que la «pócima lenitiva» que supone el sentimiento amoroso va más allá que una mera distracción; es un gozo tan potente como el que pueden provocar las drogas (entre ellas, la cocaína) que refuerzan las mismas sendas de placer.
No obstante, no es necesario mostrar una fotografía de una persona muy importante para producir efectos analgésicos. En opinión de la neurocientífica Lucy Brown, de la facultad de medicina Albert Einstein de la Universidad Yeshiva y no participante en el estudio, el retrato de cualquier ser querido podría provocar efectos similares. «No estoy tan segura de que una foto de nuestro novio o amante sea más eficaz que la de un marido, un hijo o, incluso, un animal de compañía.»
La próxima vez que tenga que estrujarse en un avión atiborrado de gente, o trabajar a pesar de sufrir un fuerte resfriado, considere la posibilidad de llevar consigo una fotografía de alguien querido: le hará la situación más soportable.

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