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1 de Octubre de 2004
Psicología

Estrés

Algunas personas parecen salir más airosas que otras a la hora de superar tensiones extremas. ¿Disponen de un sistema de defensa más eficaz frente al estrés?
Líbano, enero de 1994, en las proximidades de Khiam. Desde hace cuatro meses, los 33 soldados del contingente sueco de la ONU vienen limpiando campos de minas. Una misión harto peligrosa. No olvidarán el día en que les explotó una, que estuvo a punto de matar a uno de ellos. Sus compañeros, al quite, consiguieron que sobreviviera. Pero el shock les afectó profundamente. El ejército sueco envió un psiquiatra militar para que los atendiera en el propio Líbano. Algunos superaron muy pronto tan traumática vivencia; otros se esforzaban, todavía meses después, por alejar cualquier recuerdo de los hechos.
"Siempre me inquietó saber por qué las personas reaccionamos de forma distinta ante una misma desgracia", manifiesta Elisabeth Aardal-Eriksson, del Hospital Universitario de Linköping en Suecia. Unos se recuperan de inmediato y vuelven a tener alegría de vivir, mientras que otros se ven sumidos en un estado depresivo e incluso llegan a enfermar. ¿Es una cuestión de carácter? ¿Hay fundamento orgánico para la vulnerabilidad ante el estrés? ¿Nos hace duros un rosario de desgracias?

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