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1 de Octubre de 2004
Psiquiatría

Vivir al límite

Son impulsivos, provocadores y, a un tiempo, necesitados de cariño y vulnerables. Nada tiene, pues, de extraño que las personas con trastornos límite generen una crisis relacional profunda. Con una terapia adecuada pueden aprender a confiar en los demás.
El texto que aportamos en el recuadro ¿Una escena inocua? lo ha escrito una paciente de trastorno fronterizo que intentó suicidarse el año pasado. Desde entonces sufre una grave minusvalía. En esta joven, como en otros pacientes a los que se les ha diagnosticado un trastorno límite, se da una probabilidad alta de suicidio. Según un meta-estudio reciente de Joel Paris, de la Universidad McGill de Montreal, uno de cada diez pacientes de trastorno límite se quita la vida.
Estamos, sin duda, ante un trastorno muy peligroso. No menos preocupante resulta que los casos "límite" sean considerados, al menos en las clínicas no especializadas, como muy difíciles o incluso sin solución terapéutica. En las clínicas psiquiátricas no se les suele ver con buenos ojos, aunque, a veces, un paciente "límite" se muestre estable y apenas necesitado de particular ayuda. Cuando están atendidos por terapeutas y cuidadores sin un entrenamiento ad hoc, provocan frecuentes peleas y riñas y dividen al equipo. Este, consciente o quizás inconscientemente, solicita su despido de inmediato.

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