Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2004
Antropología

La paradoja del samaritano

Los sociobiólogos sostienen que incluso una acción altruista y desinteresada no es nada más que un egoísmo solapado. Pero el dogma se tambalea.
Sin cooperación no funciona nada. Ni en la familia ni en el círculo de amigos; menos aún, en la vida profesional, la circulación viaria o la política. Los padres confían en sus hijos, los peatones en los ciclistas, los gobernantes en sus aliados. Hasta el "padrino mafioso" necesita socios fiables, pues de lo contrario pronto se encontraría entre rejas.
A veces, las cooperaciones operan sin contrato, no se fijan los detalles de los acuerdos y no se explicitan las sanciones. Una profunda confianza en la reciprocidad y juego limpio permea nuestra vida cotidiana. Pero, ¿de qué nos fiamos, en realidad? ¿Por qué funciona nuestra convivencia? ¿Son los humanos "nobles, caritativos y buenos" por naturaleza y en esto se distinguen del resto de las criaturas, como un día formuló Goethe? ¿Se esconde en cada uno de nosotros un buen samaritano, dotado de motivos altruistas y de un sentido del bien común, o, por el contrario, nos arrastran hacia el comportamiento cooperativo ocultos incentivos económicos y un egoísmo que apunta al futuro?

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.