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  • Marzo/Abril 2019Nº 95

Visión

Daltonismos, vidas de distinto color

Aunque los daltónicos ven menos colores, son capaces de realizar actividades en las que los estímulos cromáticos desempeñan un papel importante. La clave consiste en seleccionar los colores ­adecuados y usar información redundante.

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«Soy ciego a los colores y lo sé desde niño. Nunca me pareció una limitación. A los 17 años me presenté esperanzado para aprender a volar, pensando que tenía una posibilidad razonable de pasar el test de visión de los colores [...] Estaba claro que algunas profesiones estaban vedadas para mí», explica Donald McIntyre en Colour blindness: Causes and effects, libro que publicó en 2002. «Mi nombre es John O’Brien. He volado durante quince años. Dispongo de una licencia de vuelo [...] al máximo nivel; la conseguí hace ocho años», indica John O’Brien en la página web de la Asociación de Pilotos con Visión Cromática Limitada (www.cvdpa.com).

Las citas corresponden a dos personas daltónicas con un mismo diagnóstico, protanopia, pero con diferente destino. A McIntyre, ese tipo de daltonismo le impidió superar el «test de los colores» de Ishihara, por lo que tuvo que renunciar a su sueño de convertirse en piloto. Por el contrario, la protanopia de O’Brien, que confirmaron otras pruebas, no supuso un impedimento para que obtuviera la licencia de piloto comercial. McIntyre y O’Brien viven en países diferentes y utilizan expresiones distintas para referirse a su daltonismo. El primero habla de «ceguera a los colores»; el segundo, en cambio, de «visión cromática limitada».

La expresión «ceguera a los colores» era frecuente el siglo pasado. No obstante, debería evitarse porque lleva a pensar que los daltónicos ven su entorno como en una película en blanco y negro. Esa idea no se corresponde con la realidad: estas personas sí ven colores, aunque menos que los individuos con visión normal. La diferencia se debe a la existencia de los estímulos pseudoisocromáticos, los cuales son de diferente color para las personas sin daltonismo, pero de colores similares para las daltónicas. Este fenómeno se observa, por ejemplo, cuando unos y otros miran un mapa de las líneas de metro (véase el recuadro «¿Cómo ven los colores los daltónicos?») o llevan a cabo la típica prueba visual de Ishihara, en la que se pide al sujeto que indique el número (punteado de colores similares) que aparece en la lámina.

Claves sobre la percepción cromática

En 1730, Isaac Newton (1643-1727) escribía: «[...] ya que los rayos, si se desea hablar adecuadamente, carecen de color. En ellos no hay más que cierta capacidad o disposición para generar la sensación de uno u otro color». Muchas personas creen, de forma errónea, que el color es una propiedad física que el sistema visual se limita a detectar. Piensan que la luz reflejada por la sangre es de color rojo. También suponen que nuestros ojos poseen tres tipos de «detectores de colores», los cuales responden, respectivamente, a las luces rojas, verdes o azules. Desde esta perspectiva equivocada, parece lógico pensar que la carencia de «receptores de rojo» debe producir una «ceguera al rojo» y la incapacidad para detectar la presencia de dicho color en la luz.

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