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1 de Marzo de 2019
Medicina

«Debemos ser prudentes en el diagnóstico»

El neurólogo Steven Laureys busca rastros de ­consciencia en pacientes que se hallan en estado de coma.

Steven Laureys, nacido en 1968, estudió medicina en la Universidad Libre de Bruselas y obtuvo el máster de medicina ­farmacéutica en 1997. Se doctoró en 2000 en la Universidad de Lieja. Como catedrático de neurología ­dirige, en la Clínica Universitaria de Lieja, el grupo científico del coma. Laureys está considerado una autoridad mundial en el ámbito de la investigación de la consciencia. Se le ha distinguido numerosas ­veces, entre otras, en 2017 con el premio Francqui, el más importante premio científico belga. [CHU de Liège 2017 / TILT]

Las ventanas del despacho ofrecen unas espectaculares vistas del paisaje montuoso de Lieja. Mientras, sobre la mesa, el teléfono no cesa de sonar. Médicos de toda Europa se ponen en contacto con el neurólogo Steven Laureys para enviarle a sus pacientes y confirmar el grado de consciencia que todavía presentan. Una información esencial para la familia y para ellos.

Laureys me recibe con una afable sonrisa. También su trato es amable: a pesar de su apretada agenda, no escatima tiempo para conversar conmigo sobre la consciencia. Los pacientes procedentes de otros centros hospitalarios europeos que recibe contribuyen a que, junto con su equipo, amplíen los conocimientos sobre un estado de salud de diagnóstico difícil.

Doctor Laureys, ¿qué es la consciencia?

Si ya resulta difícil definir «vida», todavía lo es más definir «vida consciente». No existe una descripción estándar para ello, aunque en clínica utilizamos unos criterios claros. Todo el mundo debe saber qué significa un paciente «inconsciente». Sin embargo, no hay que contemplar la consciencia como un «todo o nada». Ese es un error histórico. Podemos estar más o menos despiertos, más o menos conscientes. A menudo, la consciencia se subestima: se da en el cerebro de los recién nacidos, de los animales o de los pacientes en coma más de lo que pensamos.

¿Cómo se investiga algo tan complejo?

Existen diferentes posibilidades, para las que dependemos de la técnica: sin los escáneres sabríamos mucho menos sobre el cerebro. Primero investigamos el cerebro lesionado de las personas que han sufrido una pérdida de consciencia. Después observamos qué ocurre en el sueño profundo, fase en la que se pierde temporalmente la consciencia. También trabajamos con monjes budistas, ya que la meditación puede producir cambios en el cerebro. Así, cuando se medita hay conexiones cerebrales importantes para la red neuronal de la consciencia que están menos activas. Asimismo, la hipnosis y la anestesia pueden aportarnos mucha información sobre la consciencia. En Lieja, los cirujanos operan a los pacientes bajo hipnosis de forma rutinaria. Este método se ha utilizado en unas 9000 intervenciones quirúrgicas, entre ellas la de la Reina Fabiola de Bélgica en 2009. Del mismo modo que en la anestesia, en un estado hipnótico las conexiones entre el tálamo y la corteza cerebral se encuentran menos activas. Ahora nos gustaría investigar qué nos pueden enseñar sobre la consciencia las experiencias cercanas a la muerte. En situaciones en las que la vida se encuentra amenazada, las personas alcanzan un estado de consciencia diferente. Algunos tienen la sensación de separarse de su cuerpo; otros se sienten, de repente, tremendamente bien.

¿A través de qué procesos se produce la consciencia en nuestro cerebro?

Dos redes parecen desempeñar una función para ello: la red externa o sensorial y la red interna de la autoconsciencia. La primera es importante para todos los estímulos sensoriales que percibimos. Para oír no solo necesitamos los oídos y la corteza auditiva, sino también esa red externa. Probablemente exista una en cada hemisferio, en la capa más externa del cerebro, tanto en la corteza prefrontal como en los lóbulos temporales. La red interna de la consciencia se halla relacionada, en cambio, con nuestra capacidad de representación mental, es decir, nuestra voz interior. Esta red se aloja en regiones cerebrales profundas: en la corteza cingulada y en el precúneo. Para que seamos conscientes de nosotros mismos, esta red debe intercambiar información con el tálamo.

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