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1 de Marzo de 2019
Psicología

El olvido de los primeros recuerdos

Prácticamente no recordamos nada de los primeros años de nuestra vida. ¿Por qué? Los investigadores continúan discutiendo las causas de la amnesia infantil.

Difícilmente los recuerdos de la primera infancia permanecen en nuestra memoria. Sin embargo, las experiencias que tuvimos entonces repercuten en nuestra vida. [Getty Images / LeManna / iStock]

En síntesis

La mayoría de los adultos no pueden recordar las vivencias que tuvieron a los tres o cuatro primeros años de vida. El fenómeno se conoce como amnesia infantil o de la niñez.

La creencia de que los niños pequeños no generan memorias es falsa. La explicación de la amnesia infantil estriba en que, alrededor de los siete años, los niños ya no pueden evocar esos primeros recuerdos.

Tanto la reestructuración del cerebro como las primeras fases del desarrollo del lenguaje pueden ser la causa de las lagunas en la memoria autobiográfica sobre los primeros años de vida.

Los adultos chocamos con una frontera natural cuando intentamos rememorar nuestra niñez. Recordamos las largas y aburridas horas en el aula de la escuela, las aventuras con los amigos durante las vacaciones estivales o las reprimendas de nuestra madre cuando nos portábamos mal, pero ¿qué sucede con los años anteriores, cuando todavía íbamos a gatas o pasábamos la mañana en la guardería? Parece que nuestra mente estuviera programada para empezar a evocar la propia existencia a partir de los tres o cuatro años. Las memorias más tempranas parece que se desvanecen, ¿o quizá no han existido nunca?

Hace más de 120 años, la científica Caroline Miles decidió buscar la respuesta. En invierno de 1893, preguntó a una centena de mujeres sobre el momento más temprano que recordaban de su infancia. Por término medio, las primeras remembranzas de las participantes se remontaban a cuando tenían alrededor de tres años. ¿Qué pasaba con los años y meses anteriores?

Después de los primeros hallazgos de Miles, otros investigadores se han interesado por descubrir el porqué de la llamada amnesia infantil o de la niñez. ¿Qué se encuentra detrás de esa misteriosa laguna en la memoria? La primera respuesta podría ser que, de alguna manera, los niños pequeños no son capaces de almacenar recuerdos. Rüdiger Pohl, profesor de psicología del desarrollo en la Universidad de Mannheim, discute tal idea: «Los niños, ya desde muy temprana edad, tienen buena memoria para las vivencias pasadas». A la misma conclusión llegó también la psicóloga Robyn Fivush hace unos treinta años. Preguntó a niños de edades comprendidas entre los dos años y medio y los tres años sobre acontecimientos de su vida. Constató que los pequeños se acordaban de muchos detalles, a pesar de que los hechos habían ocurrido, al menos, tres meses atrás.

Al aumentar la edad, parece que algo va cambiando en el cerebro. «De repente, los recuerdos tempranos ya no se pueden evocar», explica Pohl. Las investigadoras Patricia Bauer y Martina Larkina observaron a niños de entre los tres años y los tres años y medio de edad que intercambiaban recuerdos de acontecimientos pasados con sus madres. Unos años más tarde, contactaron de nuevo con las familias y preguntaron a los niños sobre las vivencias de las que habían hablado en la primera visita. Los participantes de cinco y seis años podían recordar más del 60 por ciento de esas experiencias; en cambio, los niños de ocho y nueve años solo conseguían rememorar un 40 por ciento de las vivencias.

Las investigadoras concluyeron que la amnesia infantil empieza alrededor de los siete años. En un posterior estudio confirmaron que, en general, los niños de menor edad olvidan las vivencias personales más rápidamente que los mayores, y estos, a su vez, con más rapidez que los adultos.

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