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1 de Marzo de 2019
Neurociencia

La consciencia de los insectos

¿Puede un insecto tener consciencia de sí mismo? Aunque todavía estamos lejos de una respuesta definitiva, investigar en esta dirección nos puede revelar mucha información acerca de los mecanismos de nuestra consciencia.

Varios estudios han demostrado que el abejorro es capaz de aprender un comportamiento no natural y de enseñarlo a sus congéneres. [Getty Images / Hajakely / iStock]

En síntesis

Los insectos demuestran sorprendentes capacidades cognitivas en los experimentos. Sin embargo, todavía no está claro si disponen de consciencia. Eso también depende de cómo se define el concepto «consciencia».

Mientras que algunos neurocientíficos contemplan la consciencia como una función superior, de la que son responsables los lóbulos frontales, otros la consideran un mecanismo de abstracción relacionado con las regiones cerebrales subcorticales.

En los insectos, el llamado complejo central del cerebro podría desempeñar una función esencial en la capacidad de decidir, la cual iría acompañada de posibles formas de consciencia.

El abejorro sabe que las flores de plástico contienen néctar, pero ¿cómo llegar hasta ellas, bloqueadas como están bajo una placa transparente? El científico le da una pista: cada flor se halla atada a un hilo. Tirando del hilo, sale la flor y el insecto puede chupar el néctar. El abejorro observa al investigador, poco a poco lo comprende, y con un poco de práctica lo consigue. Más tarde, otro abejorro, detrás de un cristal, observa cómo extrae las flores el primero. Sin un humano que lo guíe, aprende la lección de su compañero. Sus congéneres en la colonia lo aprenderán a su vez; e incluso después de su muerte se transmitirán unos a otros el secreto de las flores con el hilo.

Los experimentos de Sylvain Alem, Lars Chittka y sus colegas de la Universidad Queen Mary de Londres han revelado que los insectos pueden tener una cultura. Es decir, los abejorros han aprendido un comportamiento no natural y lo transmiten de uno a otro. Un lujo para cerebros refinados, como el de humanos, primates, delfines y algunas aves, como los cuervos. Este comportamiento implica una capacidad de abstracción: el abejorro «alumno» tiene que deducir el significado y el propósito de las acciones del abejorro «maestro», proyectarlas sobre sí mismo y planificar la acción. De alguna manera, debería ser consciente de lo que hace. Pero ¿puede un insecto ser consciente? La pregunta, antes considerada absurda, comienza a tomarse en serio.

Ser una mosca en el mundo

El filósofo Thomas Nagel definió que un organismo es consciente si siente algo al ser ese organismo. A la pregunta «¿Qué se siente al ser un insecto?», hasta hace poco solo había una respuesta: nada. Los insectos fueron considerados, y aún lo son a menudo, autómatas biológicos. Como un teléfono móvil que hace cálculos complejos y tal vez habla con nosotros pero que no tiene una experiencia subjetiva, no existe (que se sepa) un «qué se siente al ser un teléfono inteligente». La mosca vive, pero no sabe que vive.

Es extraño. Los humanos a menudo tendemos a antropomorfizar, incluso demasiado, el comportamiento animal, pero cuando se trata de la consciencia, damos un paso atrás. Creemos que la consciencia requiere un sistema nervioso extremadamente complejo. La mayoría de los neurobiólogos se muestra de acuerdo en que los mamíferos y las aves probablemente sean conscientes. Los cefalópodos (pulpos, sepias y calamares) son muy diferentes a los vertebrados, pero parecen excelentes candidatos.

En los insectos, sin embargo, existe un problema. Una abeja o una cucaracha tiene alrededor de un millón de neuronas, en comparación con los casi 100.000 millones de un humano; es decir, un factor de diferencia de 100.000. Si la consciencia es una función superior, resulta difícil pensar que un insecto o un crustáceo puedan ser conscientes. Pero tal vez este dogma no sea válido.

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