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1 de Marzo de 2019
Psicología

La ITV de los ­estudios psicológicos

«Los científicos han demos­trado que...» Este tipo de enunciados deben tomarse con cautela. ­Exponemos los principales aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de valorar la validez y fiabilidad de las investigaciones en psicología.

Getty Images / Sezeryadigar / iStock

En síntesis

Cada resultado de una investigación empírica en psicología se basa en la estadística. De ahí que, teóricamente, los resultados siempre puedan deberse al azar.

Para incrementar la fiabilidad de los hallazgos, los investigadores deben trabajar de forma metódica. Con el fin de conseguirlo, se comparan suficientes probandos con los instrumentos apropiados, entre otras estrategias.

Tanto los legos en la materia como los investigadores deberían fijarse en una serie de «trucos» con los que los científicos deshonestos convierten sus datos en «significativos».

La psicología ha sufrido, en los últimos años, algunos casos de fraude. Entre ellos, el de Diederik Stapel, psicólogo social de renombre, y el del psicólogo evolutivo Marc Hauser. Al parecer, estos científicos se inventaron gran parte de sus datos experimentales. Por otro lado, han aumentado las dudas en torno a los procedimientos de la investigación psicológica. Según los críticos, la dificultad de replicar los resultados de las investigaciones muestra que muchos de los hallazgos son producto del azar. Así lo demostró el proyecto liderado por Brian Nosek, psicólogo de la Universidad de Virginia, en el que se cotejaron 100 estudios publicados en revistas especializadas de prestigio. Solo en un 36 por ciento de los trabajos se pudieron repetir los resultados originales. En otras palabras: casi dos tercios de los intentos de replicación fracasaron.

¿Reside el problema en que los fenómenos mentales, como los sentimientos o los pensamientos, son difíciles de medir? ¿O influyen en ellos tantos factores que las causalidades inequívocas según el patrón «si X, entonces Y» son casi impensables? Una cosa es segura: la psicología se basa en la estadística. En lugar de relaciones causales robustas, describe probabilidades, y estas, de acuerdo con su naturaleza, siempre admiten excepciones. En este sentido, cada resultado de un experimento puede inducir a error, al confirmar solo en apariencia la hipótesis subyacente. Pero ello sucede también en otras ciencias, como la medicina o la biología. En definitiva, la cuestión no es si los estudios psicológicos sirven de algo, sino cuándo permiten enunciados fiables.

En principio, la tarea resulta bastante sencilla: los científicos exponen una hipótesis que se pueda investigar, someten a un test a un grupo de personas seleccionadas de manera aleatoria, y miran si los resultados confirman el efecto esperado. Para este fin, se comparan al menos dos condiciones experimentales que, en la medida de lo posible, se diferencien en un único aspecto (variable independiente). Todas las demás influencias potenciales deben permanecer constantes. Pero ¿cuándo exactamente es «comprobable» una suposición? ¿Cómo debe ser la muestra estadística elegida? ¿Mide la prueba o el cuestionario lo que tiene que medir?

Hoy en día, este tipo de preguntas son más importantes que nunca, puesto que el valor de los estudios psicológicos ha cambiado drásticamente. Antaño estaban dirigidos a los especialistas; en la actualidad también los legos tienen acceso a ellos de forma bastante fácil. Prácticamente todas las investigaciones pueden encontrarse en Internet. Si bien a menudo leer un artículo íntegro cuesta dinero, acceder al resumen (abstract) suele ser gratis. Otros muchos informes de investigación son accesibles de forma gratuita.

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